CARLOS PARDO
« volver
Audioplayer

Carlos Pardo nació en Madrid el 26 de octubre de 1975.

Comenzó a estudiar Letras, luego fue librero, luego editor y ahora ha vuelto a trabajar en una librería. Ha publicado los libros de poemas El invernadero (Hiperión, 1995), Desvelo sin paisaje (Pre-Textos, 2002) y Echado a perder (Visor, 2007), por los que ha recibido los premios Hiperión, Emilio Prados y Generación del 27.

Ha epilogado a Ángel González: Tratado de urbanismo (Bartleby, 2006, 2008). Y prologado a Tranströmer: El cielo a medio hacer (Nórdica, 2010). Junto a José Manuel Mariscal, preparó la edición de Hace falta estar ciego. Poéticas del compromiso para el siglo XXI (Visor, 2003); y junto a Elizabeth Zuba, la de La familia americana. Antología de nueva poesía de Estados Unidos (Cosmopoética, 2010). Dirigió una revista anónima con la editorial Pre-Textos, codirige el festival de poesía Cosmopoética y colabora en la sección de cultura del periódico Público.

Sus poemas han aparecido en varias antologías y han sido traducidos al inglés, francés, alemán, griego, portugués y búlgaro.

Recientemente ha publicado su primera novela Vida de Pablo (Periférica, 2011) y en breve aparecerá su poesía reunida, Hacer pie. Poemas reunidos 1995-2010, en la editorial uruguaya Hum.
 
> Poemas

COMO LAS CIRCUNSTANCIAS me pidieron
un toque personal
adopté el tono bajo para voz atiplada
con temblor en la frase y temor en el verbo,
resuelto a trompicones.
No era yo
ni era el propio lenguaje
quien hablaba, sino un experimento
de humanos con cultura,
pues soy un hombre de labios impuros
y en un pueblo de labios impuros
habito.
Porque era vanidad
querer narrar la vida
aun más cubierta de su camuflaje
de cuidado interior,
desflecada
en oficios,
y vanidad hablar
del mundo como de la superficie
que devuelve el reflejo
de uno mismo asombrado
y un nimbo de paisaje lila
o verde y fucsia y ocre
o negro con dos trazos azules
excéntricos,
de pulso abierto,
dialéctica del tacto y la cabeza
en cielos que un exceso creador
pulcramente dibuja despoblados
-y vanidad que no dijera yo
y que hablara de dioses
de un acervo de oídas.

Las mujeres van y vienen
oliendo a tàpies.

Hemos tomado fórmulas prestadas
del viaje épico, del auto-
conocimiento a pie, del folk,
del rock,
de los documentales susurrantes,
del apólogo esdrújulo,
del cosmos homeopático.

No partir, no llegar. Retardar para cuando
realicemos de forma pleni-
potenciaria el placer
sin que éste nos consuma,
más digno por la confianza, más
aséptico sin duda
por haber olvidado la emergencia,
por haber esperado
-si el deseo era auténtico
hablando en jerga de autenticidad-
un deseo que luego
luego será mejor.

Hablar para salir airosos de la vida
por los caminos del lenguaje.

Y aquí termina la insatisfacción.

                                   (de Echado a perder)

 

Antropología

Cambian los mitos pero ésta
sigue siendo la tierra
donde florece el limonero,
a pesar de que nadie lo encuentre significativo

porque también florece el cardo
sin vigilancia
excepto del pincel que lo reduce a un plano.

Pero ésta es aún
la morada del mito.

O cielo abierto tóxico
y no morada.

Una orilla del mundo conocido
donde florecen indiferenciados
el cardo, el limonero.

 

Basura

El mar es familiar en el sentido
de una sopa de genes,
y delante del mar hay un estercolero
y un rebaño de ovejas
husmea pobres restos de comida.

De pronto dudas de la seducción
repetitiva de las escombreras,
de los residuos líquidos
y orgánicos del cementerio.
Con qué invisible y duradero encanto
pudren el aire de los vivos
o respiran su propio aire espesado.

¿Gozamos pervirtiendo la belleza,
como en las universidades, u otra
belleza nueva en la basura anuncia
un horizonte sin cicatrizar?
¿Más metafísica o adorno?

La basura no quiere ser humana.
Le falta un término
a la comparación. Es lo que era.
Cáscaras, pensamientos,
costumbres... Ni los huesos
soportan, pobre Yorick,
confundirse contigo.

Desciendes a la orilla
donde hay niños y espuma saludable.
Te demoras y sacas unas fotos
de dos rectángulos de tiza
bajo el cielo encalado: dos amantes.
O marido y mujer.

Como otros animales vives
entre la madurez de los detritos
de espaldas a la roca, a la asepsia del mar
yodado y joven. Amas
el descenso. Aunque
quizá no sea amor.

La basura se siente bien contigo.
Hazla metáfora.
O deja aquí, entre plástico, los ojos
para que otro los use.