MARKUS HEDIGER
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Nació en Zurich, Suiza, el 31 de marzo de 1959.

Estudió literatura francesa e italiana en la Universidad de Zurich.  Luego de finalizar sus estudios comenzó a traducir al alemán libros en francés, principalmente novelas, cuentos y algunas veces, poesía.  Al día de hoy, ha traducido 20 libros de escritores suizos de lengua francesa, entre ellos Nicolas Bouvier, Jacques Mercanton, Alice Rivaz e Yvette Z’Graggen. 

Editó además una antología en alemán de cuentos tradicionales de la región francoparlante de Suiza, Passagen – Erzählungen aus der französischen Schweiz 1970-1990 (1991).

Por otra parte, Hediger ha escrito poesía desde siempre, no en alemán, que es su lengua materna, sino en francés. En 1996 publicó su primer libro, Ne retournez pas la pierre (No den vuelta a la piedra). Su segundo libro de poemas, En deçà de la lumière (De este lado de la luz), salió en 2009. Algunos de estos poemas fueron publicados en Italia en 2005, Là pour me souvenir / Qui per ricordare.

Por su trabajo como traductor y poeta ha sido premiado en varias ocasiones desde 1979 hasta hoy.  El último reconocimiento le fue otorgado por el Cantón de Zurich (2009), por su traducción de Eclats de vie, de Yvette Z’Graggen.

Markus Hediger ha residido también en Francia, Alemania, Italia, España y Argentina, países que considera al igual que a Suiza, su hogar. En 2010 fue co-organizador de las Jornadas Literarias de Zofingen (Suiza), festival dedicado a la literatura argentina: http://www.literaturtagezofingen.ch/index.php?id=11
 
> Poemas

IV

Sentado en mi sofá
azul. Delante de mí la pequeña mesa
y los sillones de mimbre
de mi madre. En la pared que me hace espejo
un dibujo, un óleo y dos collages
del Amigo en el otro mundo.
Mi estudio bordeado de libros,
más allá, por mis días contados
tendrá el armario y el secrétaire
de madera rojiza de Rosa mi tía
bisabuela. Además, en mi cuarto,
la mesita de cocer que... Bueno, basta,
a hacer un café. Me levanto.
Respiro y mi corazón late. Estoy
entre los muebles de mis muertos. Vivo.

 

XXIV

ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...
Alfonsina Storni

Es el verano de mis trece años.
El mar, el mar, es la primera
vez que veo el mar.
Es el final de un día, mis padres van a
regresar al hotel, “¡vayan ustedes!,
yo me quedo un poco más…”

Sólo nosotros dos, rezagados
en la playa. Está allí,
de pie contra el horizonte, un hombre.
Tiene puesto un traje de
baño rojo y sobre los pelos de sombra
de su pecho un objeto dorado
brilla. Tiene bucles castaños.

¿Cómo acercármele, cómo? ¿Cómo
abordarlo y qué decir a este muchacho
con las tres cuatro palabras
leídas al vuelo en un libro de lenguas?
De golpe veo cosas
moverse, justo a algunos pasos de mí,
a flor de mar gris. Inclinándome
–“¡qué horror!... pero... pero ¿qué
es todo esto?...”– veo bichos
salir de la arena, cangrejos
en banda, podría decirse. Oigo reír,
el hombre del trajecito de baño ceñido ríe
y mi corazón late con más fuerza,
de entre sus labios se eleva un canto,
que le cae en cascadas de caricias
sobre la piel que en la puesta del sol parece
de latón oscuro. —Non capisco
El resplandor que viene del fondo
de sus ojos azules. Su sonrisa. —Hotel…
albergogenitori

Los dos nos encogemos de hombros.
Y yo dejo entonces al que debe
no dejarme, jamás,
en la orilla del mar al atardecer.
No se ha dado vuelta.

 

XLII

Supongamos que por milagro,
sí, si por algo extraordinario ella
volviera digamos una hora
entre nosotros, si de regreso del lugar
donde se hace la carne dada a luz
la reencontrara a mi madre,
en el umbral, una sonrisa
subiendo a sus ojos, o bien
en su sillón instalado delante
de la ventana que da a la calle y a
la noche, la labor de crochet
en reposo, volviendo hacia mí su cara,
la de antes – ¿qué palabras
en nuestros labios, qué palabras?, sí, ¿qué decir
a quien de la muerte a la vida ha pasado?

(de En deçà de la lumière)