MAYRA OYUELA
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Poeta, gestora cultural, miembro de Artistas en Resistencia, nació en Tegucigalpa, Honduras, en 1982. Publicó los libros de poemas Escribiéndole una casa al barco (Ediciones Il Miglior Fabbro, 2006) y Puertos de arribo, (Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, 2009) y tiene en preparación Homenaje a la sal.

Participó en las antologías Recopilación poesía andante, (Editorial Pez Dulce, Tegucigalpa, 2004); Selección de poesía joven centroamericana (Pez Dulce, 2005); Versofónica, 20 poetas 20 frecuencias, proyecto de audio (Tegucigalpa, 2006); Papel de Oficio, Colectivo Paíspoesible (Secretaría de Cultura, 2006); 2017 Nueva poesía contemporánea (Buenos Aires, Argentina, 2009); 4M3R1C4: Novísima poesía latinoamericana (2010); Cantos de Sirenas, compilación iberoamericana de poesía femenina (Cascada de palabras Cartonera, 2010).

Ha sido traducida al italiano y al catalán.

Ha participado en los principales festivales internacionales latinoamericanos y en el Festival internacional  2010 Poeta por km2, Arrebato editores, Casa de América, Madrid.

 
> Poemas

Prohibido olvidar

A Lucy

Después de cruzar ciertos agujeros
atravesé la nostalgia
como se atraviesa un suspiro
en medio de cualquier semáforo.
Mis zapatos tienen clavículas,
bocas que se atragantan de pasos.

Primigenia me apresuro,
por primera vez en los labios
del hombre que jamás besé.
La nostalgia está cocida a mano
como ese delantal que guarda en su ropero mi madre.
En silencio comienzo una oración
con la frase “prohibido olvidar” .
La noche es un telón que humedece,
un abrazo más por ofrecer,
uno persuasivo de adioses que no son definitivos.
Concluyo:
que los besos son para los que aman
sin promesas ni esperanzas.

 

Bendita

Bien pudiste ser Helena
liderar naufragios, enloquecer hombres
hasta hundirlos en la cama de algas de tu vientre.
Bendita eres entre todas las mujeres
Bendita la zarza que te quema el vestido,
bendito el nylon que coses en las sombras,
bendito el grano que pesaste 
mientras se te hizo tarde para jugar.
¿Y si trasladamos la sal de tus pies por otros continentes?
Otra sería la luz que engordara tu ventana.
¿Y si por apellido te hubiesen dado quizás el Dietrich?
Cantarías como loca a la cordillera,
a la sal que amoldas como flor de invierno
blanca como la nieve que nunca viste.
Vos que nunca supiste de Rubens y sus mujeres,
vos que ignoras una torre de Pizza,
un bello sari en Estambul,
un beso de pasión en una sala de cine.
Pero qué bien comprendes el silencio
y qué bien sobrevivís a la historia
y aunque nadie conozca tu nombre
sabes más de la soledad que un monje del Tíbet.
Mujer repítete: 
Non omnis moriar, Non omnis moriar.
Nunca morirás del todo
¡Nunca!
porque la zarza que hace arder tu vestido
también hará arder
la sal del mar que sostiene tu corazón.

 

Sal

La sal fue la bebida de tu infierno,
indefensas a la hora del bullicio tus mejillas
no eran rosas por el rubor,
ni por la bofetada que palpó levemente tu ironía.
Vos Desnuda al crepúsculo
ahogada en la sed del reptil que llevas atado a tu pie
haciendo de tripas sangre, 
de vísceras olfato,
de carne olvido.
Nadie encontrará tus pasos bajo la argamasa
Soltá el arma, encendé la vela
La ciudad es una bestia que tirita de frío en tu ombligo.
Ya no hay más que esperar
no hay llantos de niños que se raspan las rodillas
esos niños saltaron la orilla de tu cama y ahora son hombres.
Que los recuerdos no retocen como perros afeitados
lamiendo la piel que se mezcla con el polvo
de una habitación ajena,
con hedor a cerveza,
a caricia que sabe a jabón de hotel,
a manos que atraviesan pubis
de esa otra, que despertó al lado de su abismo
socavando en su cuerpo la sabia mordaz de otra fosa.
Limítrofe es la piel de ese hombre
con el que despierta en silencio y muerta de cansancio.
Que sean otras las que cobardemente acepten el reclamo
de un -hasta que la muerte los separe-
no tengas miedo
que hasta la más bella guarda en su memoria

una mañana insegura en los brazos del hombre equivocado.