NIELS FRANK
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Nació el 25 de febrero de 1963 en Braedstrup, Dinamarca.

Graduado en Literatura en la Universidad de Aarhus, trabajó como editor en periodismo cultural y en la industria editorial. Ha inventado un género al que llama metaforismo.

Publicó, entre otros libros, Øjeblikket (El instante), poemas, 1985; Genfortryllelsen (El reencantamiento), poemas, 1988; Yucatán (Yucatán), ensayos sobre literatura, música y arte, 1993; Tabernakel (El tabernáculo), poemas, 1996; Livet i troperne (Vida en los trópicos), poemas y relatos, 1998; Amerikansk katalog (editor), antología de la literatura y el arte norteamericanos en el siglo XX, 2001; Første person, anden person (Primera persona, segunda persona), ensayos, poemas y relatos, 2004;  Én vej (Imagen del mundo), poemas, 2005;  Tak for i går (Gracias por la noche), relatos sobre arte y artistas, 2006; Små guder (Pequeños dioses), poemas, 2008; Spørgespil (No preguntes), prosa breve, 2010.

Ha traducido obras de John Ashbery, Paul Muldoon, Anne Carson, Francis Ponge y Bret Easton Ellis. Entre otros galardones, recibió premios de la Unión de Escritores Daneses (1995), la Academia Literaria Danesa (1999), la Fundación del Arte Danés (2008) y el Montana Prize de Literatura (2009).

 
> Poemas

Propuesta para una definición de aforismo

Etimológicamente: del griego aphorízein, delimitar, apó, lejos, horízein, limitar.

Richard Stamelmann sobre el aforismo en Edmond Jabès: ”El aforismo en su sentido más literal no puede contenerse a sí mismo”.

Aforismo: Una delimitación que no puede contenerse a sí misma.

 

Retrato con una pizca de verdad

Él es un mal poeta: no sabe leerse a sí mismo; está ciegamente enamorado de sus propios poemas. Se siente agradecido ante la menor señal de que también ellos están enamorados de él.

Él es un mal poeta: todos sus poemas confirman hasta el extremo las expectativas que ha puesto en ellos.

Él es un mal poeta: la poesía no ha llegado a serle comprensible, conceptual; no tiene frialdad ni cinismo. Es miope.

Él es un mal poeta: es pedante con las palabras, las acomoda, las peina, para que ninguna se le erice.

Él es un mal poeta: todos sus poemas son solicitudes para alcanzar la inmortalidad instantánea.

 

Un ejército en marcha de metáforas

Toda metafórica es destrucción del pensar. La metáfora contamina el pensamiento, lo mezcla con su contrario, de modo que lo vuelve impensable.

En la metáfora, dos mundos o el concepto de dos mundos combaten, compiten, se destruyen, para que desde las ruinas pueda surgir un tercer elemento que signifique el encumbramiento de ambos. La metáfora ocasiona, con su propia manera volcánica de ser, la destrucción del lenguaje normal, del mundo normal; es una cicatriz o una hendidura, desde donde surge algo nunca antes visto. Pero tan pronto como esto ha ocurrido, cada metáfora fuerte (es decir, una metáfora en combate) deja un resto, que no se encuentra ni en los dos mundos que la metáfora reúne, ni en el conocimiento que esa misma reunión desprende de sí: un resto o un temblor que puede parecer aterrador en la lectura en vista de que indica que ”algo” ha sucedido, pero no lo que eso precisamente es, ni cuál sería el sentido en una lectura ulterior. Así, la metáfora hace que la lectura se vuelva tensa, y aun nerviosa, porque señala que hay algo que la lectura no puede captar sino intuir. Indica algo que se encuentra más allá de la lectura. La sacude de la manera más literal, la estremece, pero luego le resulta difícil explicar por qué se ha sentido estremecida. La metáfora ha conseguido destruir la lectura.

(Traducción de Thomas Boberg y Renato Sandoval)