NORA HALL
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Nació en Alcorta,  Santa Fe, Argentina.

Es profesora de Literatura. Coordina un taller de poesía desde 1986 en Rosario. Publicó tres libros de poemas: Hasta pulverizarse los ojos (Editorial Libros de Tierra Firme, Buenos Aires l990) por el que obtuvo la Mención de Honor del premio José Pedroni (1991); Todo mal, en la misma editorial  en 1996 por el que tuvo el Primer Premio José Pedroni en la categoría obra édita en 1997; y Manual del agua (Papeles de Boulevard, Rosario 2007).

Participó en el Tercer Congreso de creación femenina en el mundo hispánico en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez , y en la Feria del Libro de Guadalajara (México), dictó conferencias en la Universidad Autónoma Metropolitana de México y en la Unión de escritores y Artistas Cubanos (La Habana – Cuba), participó en el XI encuentro de Mujeres poetas en el País de las Nubes (Oaxaca, comunidades indígenas de la región Mixteca y México DF), en el encuentro de poetas rosarinos y granadinos en Granada (España) y en el Festival de poesía de Granada (Nicaragua). Integra el Grupo editor  PAPELES DE BOULEVARD.

 
> Poemas

I)

Y el reflejo de las luces en el Jónico
duplicando al marinero de los siete mares
a las farolas de la rambla
y, sin réplica,
altísima Taormina,
roca iluminada
constelación que intenta su reflejo.

Lo real es el humo
volcán que cruza
barco que parte
(y las chimeneas enturbian la marea)

voces apadrinadas
(las partidas vecinas)
juguetean un canto de sirena
con piernas en el bronce

una espalda hacia el mar
cierto renunciamiento
el autobús

 

II)

La siesta en Reggio
al sol
inventa una isla que navega frente a Sicilia
una isla que lleva un bosque
blanco, tupido
la mancha de un castillo de piedra
que se estrecha en Mesina

el contraste:
el sonido de las olas rompiendo en los escollos
y el rugir incesante de los aviones
que van a alguna parte

la mano de Filippo
acaricia el cuerpo de ella
bajo los espacios de su traje brevísimo
hablando de otras cosas

Lucca se aleja
para no ver

 

III)

Debe ser horrible
morirse en Amalfi:

te pasean en un coche negro
frente a los turistas que beben
té frío con granita
o cerveza con papas fritas masticadas en inglés
te llevan con una absurda palma
de flores festivas
entre las cámaras de fotos
que apuntan al duomo

¿y quién podría llorar
con tanta luz?

yo prefiero París
con aguacero.