Paula Trama

Temperley,1982.

Poeta, compositora y licenciada en Letras. Trabaja como profesora de Literatura y coordina talleres de composición de canciones. Es compositora y cantante de las bandas Los Besos y Susi Pireli, junto a Inés Copertino (Amor Elefante). Publicó los libros de poesía La yegua y el caballo no existen (2010), Rosa y negro (2012) y Húmedo y soleado, libro de tuits ilustrados por Lino Divas (2015).

 

 

 

del disco Copia Viva (Los besos)

 

Las melodías 

Amanece y es mi cama un trébol 
mensajes, fruta 
caen caen 
cimarrones corren lejos 
sopla el viento 
y abro la ventana para que llegue 
el sonido de tu voz 
y abro la ventana para que entren 
las melodías 
que los vecinos silban
son mías 
las vidas 
que los vecinos imaginan 
son mías

 

 

de Rosa y negro

 

Bicho

Un tipo dice que un libro verdadero tiene el poder de hachar un océano congelado. Yo, sin darme cuenta le regalé un libro venenoso. Un libro verdadero entra con una frase que destroza el juicio. El libro venenoso es una fosa. Una novela, siempre. El protagonista es un escritor, radical y excéntrico, que habla como soñabas hablar cuando tenías 18, y que tiene los libros que a veces vas buscando.

A los tres días de regalarle el libro, empieza a suspenderme las salidas. Me doy cuenta de lo que pasa, pero ya está. Perdí. Oigo cómo zumba el bicho raro en su garganta.

 

 

Metal

Cuando los precios se elevan, los nervios se imponen. No. Cuando los precios se elevan, los sentidos se imponen. Escucho el aparato de ultrasonido contra las cucarachas, una aguja cuando cae y los botones del control remoto que se destraban después de hacer zapping. Los minerales del pan y del agua tienen gusto a cal, o a cáscara de banana. La gente sigue caminando, pero sus cuerpos se articulan en muchos más lugares. Mientras que todos, como siempre, entran y salen por las puertas de los trenes, yo camino por el microcentro con una pala en la mano. En cada esquina hago saltar la brea y las monedas de cincuenta centavos. Están nuevas, sí, y no significan nada.

 

 

El miedo adormecido es la fuerza de la coqueta

No lo puedo creer, eso es humo que pasa por debajo de la puerta, la carta larga y gris de nuestro vecino bobo. No huelo pero veo, mientras escucho el zumbido de la maquinita.

¡No hay oxígeno!, ¡ay, oxígeno!: me irritan tus extremos. Uso los músculos para olvidar, subo y bajo las escaleras. El vecino no aparece y ella —más allá del humo— sigue con la depilación.

Duerme fuego, duerme miedo, que zumba la maquinita.

 

 

Turismo

Estoy escondida leyendo a la poeta. El jefe me busca, pero yo me subí al mueble más oscuro y no me puede ver. Tengo vértigo y mi libro de poemas. Qué suerte que se desarma, hay poco espacio. Qué suerte que tiene letras fosforescentes, no hay casi luz. Alrededor, un monte de pelusas. Por debajo de los estantes, la librería en sí. Algo me corta el antebrazo: es una plaqueta de hierro, de una editorial fundida. Trae un poema feo calado a fuego que cae con ruido y vuelve obvia toda la situación. Tengo que bajar ya a atender, con mi libro en la mano. Caigo parada debajo de los spots y me reflejo en la vidriera: soy un bicho de pelusa con un tajo en una pata. Digo «hola!» cuando un grupo de clientes se arrebata «¡¿qué libro leíste, qué libro fue?!». Toda la tarde vendo el libro de la poeta hasta agotarlo. Algunos se abalanzan sobre los últimos ejemplares y otros dejan señas y lágrimas. Los que salen felices sin el libro van a tatuarse los nombres de sus novias en la piel.

 

 

de La yegua y el caballo no existen

 

1. El sol no es de la yegua ni el caballo

 

El caballo permanece en los lugares donde hay sol

Esto hace que se parezca a la yegua

Siendo amigos, se inclinan sobre valles diferentes

siendo desconocidos, no temen beber del mismo recipiente

El sol al punto máximo los hace desaparecer

Así cuando no hay sol, no existe el caballo

Y la yegua tampoco existe

 

 

2. Manifestación de la yegua

 

Antiguamente la yegua era tan cercana

que difícilmente podía ser llamada

Era ardiente como quien cruza un río en invierno

Desprendida como el agua revuelta al avanzar

 

Al despuntar el sol algunas cosas se resecan

¿quién sería capaz  de secar a una yegua pronta a desaparecer?

El que abraza a una yegua se va solo

y tras ser llamado, sigue

 

 

3. La raíz de la yegua

 

Nacen las flores, quedan en ella

la vemos irse o regresar a su campo

Cuando la yegua pace muerde raíces

En cada tirón las seca, sucesivamente

Así entran en ella.

 

Sea la raíz el máximo de vacío

 

En cada campo hay un destino cortado

Puede que vaya al ritmo de la yegua

pero lo que suena no toca para siempre

Cuando la flor muere, recapitula

y la yegua también.

 

 

4. Recuerdo de la yegua

 

Acerca de las yeguas

todo lo que se supo es que existieron

Algunas fueron bañadas y cuidadas

otras retratadas y ajadas en un mural

La yegua recuerda

de las palabras pintadas de las viejas, éstas

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