Adriana Borga

ADRIANA BORGA

Rosario (Argentina), 1961.

Vivió su infancia y parte de su adolescencia en Firmat, ciudad a cien kilómetros al sur de Rosario. Es poeta, docente y artesana en caña bambú y colihue. Coordinó talleres de poesía para niños y docentes en la Biblioteca Pública Municipal José Manuel Estrada de Rosario y en forma independiente el “Taller del Sur” Escritura y lectura de poesía. Cursó la Licenciatura en Letras en la Facultad de Humanidades y Artes. Participó en el V Festival Latinoamericano de Poesía de Rosario en el año 1997, y luego en la antología editada por el Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa Fe 20 años: XX Festival de Poesía de Rosario. Otras antologías donde publicó: Los que siguen (Los Lanzallamas), Dodecaedro de Poetas (Honorable Concejo Municipal de Rosario), Las 40. Poetas Santafesinas 1922-1981 (UNL), Poetas del Tercer Mundo (Ciudad Gótica). Holden Handcuffs Review Poesía de Sudamérica (Seattle), Premio Nacional de Poesía Paestum (Italia); Los Viajeros de la Underwood, Revista Internacional de Poesía de Rosario, El Centón, La Guacha, Facundo, son algunas de las revistas literarias argentinas donde encontramos sus publicaciones, como también en revistas extranjeras, siendo traducida al inglés y al italiano. Animalidad Humana (Los Lanzallamas, Rosario, 2003) es su primer libro editado, reeditado en Edición de Autor en el año 2010, y en 2018 publicó La Casa Nueva (El Salmón, Rosario) edición en papel, audiolibro y Braille. Tiene inéditos los libros Coral e Identidad.

Poemas

Saqué un pez del agua
yo, tiré la línea
un anzuelo con una buena carnada
y picó:
lo tengo ahí hace meses,
en la orilla, no le doy
agua, ni nada
sin embargo no muere;
me voy y vuelvo
y allí lo encuentro
dando coletazos
de rabia porque no entiende
por qué lo tengo allí
desde hace meses sin comerlo
sin hablarle
no lo como, no lo mato, no le hablo
no lo libero, ni nada
lo peor es que yo tampoco sé
por qué hago esto.
¿Es por escama?
¿Esto también será el poder: tener
porque sí y para nada?

De los arrecifes
de los huracanes
de la memoria de los olivos
de los jazmines en el fango
de la luna que se desovilla
mientras se celebra el amor
de las nubes que cargadas de animales
se llevaron a mi perro
de este puñado de tierra
fértil en mi mano Es
lo que germina
de lo que brota bebiendo
gotas de agua en la arena
con la moderada luz
del interior
sin mordedura
sin moldura
astros llaman a las semillas
verdecillos huesitos
con cabezas de serpiente
miran hacia la ventana
mientras crecen sin que yo
cuente milímetros
cantidades…
Si fuera tampoco

lo haría -digo el contar-
los granos de arena
las gotas de agua
los brotes
el minucioso desarrollo
del crecimiento.

Un lugar en el arrecife
donde no calcular
donde no pensar
donde el huracán no llegue
donde la leve brisa
y mi voluntad natural lleven
mis manos a las más suave
caricia sobre los brotes
como se acaricia a un animal
para que se duerma
o a una mujer
para que despierte.

Ni su existencia
ni su expresión
ni magnitud
ni origen
ni función
son las mismas.

Fue el negro
Fue el indio
Fue el gaucho
Fue el inmigrante
Ahora, ¿quién es el “otro”?
Aquellos, ¿son el “otro” todavía?