Isabella Leardini

ISABELLA LEARDINI

Rímini (Italia), 1978.

En 2002 ganó la sección inédita del Premio Montale. Debutó con la colección El compañero de piso descalzo (La vita felice, 2004), también editada en España (La Isla de Siltolà, traducción de Juan Carlos Reche y Paola Patrizi). En 2017 lanzó su segunda colección A season of air (Donzelli Editore). Está incluida en antologías italianas e internacionales como Les Poètes de la Méditerranée (Gallimard, 2010), Nuevos poetas italianos 6 (Einaudi, 2012), Esplendor en las sombras. Tres voces italianas contemporáneas, (Huesos de Jibia, 2015) con traducción de Maria Cecilia Micetich y Elena Tardonato Faliere, Grand Tour (Hanser, 2019). Fundó y dirigió el Festival de Poesía Joven Italiana Parco Poesia. Hoy realiza talleres de poesía en toda Italia con el método publicado en su ensayo Domare il drago (Mondadori, 2018). Enseña escritura creativa en la Academia de Bellas Artes de Venecia. Dirige el ciclo de poesía Vallecchi Editore.

Poemas

E dicono che se ci sei anche tu
sembro meno nervosa…
È che mi togli i nervi e te ne vai.
So solo che la curva del tuo collo
è il posto più perfetto che ci sia
per questa fronte
e se mi abbracci è come entrare in casa
sapendo che non ci si può restare.

 

Y dicen que si estás también tú
parezco menos nerviosa…
Es que me quitas los nervios y te vas.
Solo sé que la curva de tu cuello
es el lugar más perfecto que existe
para esta frente
y si me abrazas es como entrar en casa
sabiendo que no se puede permanecer.

*

Il cane che ai miei piedi guarda l’alba
si prende il mio calore e chiude gli occhi,
di nuovo sola no a questo soglia.
I desideri fragili che allungano
le mani dell’estate sono ancora
nascosti come i nidi tra le foglie
sono rimasti in alto e senza voli.
Via dalle luci d’acqua e dai frastuoni
delle strade che filano sul mare,
via dall’aria che prende alla schiena.
Ma noi restiamo qui come le radio
dimenticate accese in piena notte,
come insegne che hanno perso qualche luce
ma cercano lo stesso di brillare.

 

El perro que a mis pies mira el alba
toma mi calor y cierra los ojos,
de nuevo sola hasta este umbral.
Los deseos frágiles que alargan
las manos del verano están aún
escondidas como los nidos entre las hojas
han quedado en alto y sin vuelos.
Fuera de las luces de agua y de los estruendos
de las calles que tejen hacia el mar,
fuera del aire que se agarra en la espalda.
Pero nosotros permanecemos aquí como las radios
olvidadas encendidas en plena noche,
como los carteles que han perdido algunas luces
pero buscan igualmente brillar.

*

Perfetti come il volo degli uccelli.
Lo ripetevo all’infinito nell’estate
così sarebbe stata una preghiera.
Pensavo che saremmo stati
perfetti come il volo degli uccelli,
nei cerchi e nelle svolte del destino.
Io non volo e non mi poso
io non canto
se non posso avere te pesto la terra
come chi vive contro la natura.
Le rondini non sanno partire
sono le figlie pazze del freddo
e forse stanno qui da qualche parte
continuano a ripetere che questo
è il loro autunno radioso d’aria
mentre le prende piano la neve.

 

Perfectos como el vuelo de las aves.
Lo repetía hasta el in nito en el verano
así habría sido una plegaria.
Pensaba que hubiéramos sido
perfectos como el vuelo de las aves,
en los círculos y en las vueltas del destino.
No vuelo y no me poso
no canto
si no puedo tenerte pisoteo la tierra
como quien vive contra la naturaleza.
Las golondrinas no saben partir
son las hijas locas del frío
y quizás están aquí desde cualquier parte
continúan repitiendo que esto
es su otoño radiante de aire
mientras las toma lentamente la nieve.

 

Esplendor en las sombras. Tres voces italianas contemporáneas, (Huesos de
Jibia, Buenos Aires, 2015) con traducción de María Cecilia Micetich y Elena Tardonato Faliere

 

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