Luisa Futoransky

LUISA FUTORANSKY

Buenos Aires (Argentina), 1939. 

Desde hace más de 35 años reside en París. Es novelista, ensayista, y ejerce desde siempre el periodismo, pero sobre todo es poeta. Autora de una veintena de poemarios, cinco novelas y numerosos trabajos de no ficción, ha sido traducida al francés, inglés, alemán, hebreo, italiano y portugués. Entre sus libros más recientes destacan Los años argentinos (2020), Marchar de día (2017), Pintura rupestre (2014), Ortigas (2011), 23.53 Noveleta (2013), Inclinaciones (2011) y El Formosa (2010), libros editados por Leviatán, Argentina. Durante cinco años vivió en China y Japón donde trabajó como periodista en las emisoras Radio Pekín, NHK y en la Universidad de música de Musashino, Tokio, como profesora de puesta en escena. Fruto de aquella estancia son sus novelas Son cuentos chinos, De Pe a Pa o De Pekín a París. Su obra ha sido premiada en Francia, España y Argentina. En 2016, la editorial Shearsman de Londres publicó con traducción de Philippa Page, su libro Nettles y en 2018 la editorial Locker de Viena publicó su novela El Formosa en alemán. El gobierno francés le concedió la condecoración de Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres y la universidad de California en Berkeley la invitó como Regent’s Lecturer durante todo un semestre. Ha sido jurado del premio iberoamericano de poesía Pablo Neruda en su penúltima edición.

Poemas

No es que me gusten ni que sean especialmente estéticos o tan siquiera fragantes.

Es un árbol frutal bien cualunque.

Es un lugarcito en un villorrio que hace mucho, insisto, que no existe.

 

Éramos una familia pobre y él no pedía nada. Se contentaba cada tanto con el agua jabonosa que quedaba tras lavar la ropa.

Estaba en su derecho de dar poco. Ni para un frasco de mermelada. ¿Dulce de níspero; dónde viste?

Sin embargo resistió y supo encontrar amparo bajo el alero

de mi desvencijado corazón.

Irse no piensa.

con frecuencia pienso en las muescas de los campos

(de exterminio)

los débiles palotes

hechos con la última sangre de las uñas

casi en el cielorraso

ante la boca

falsa

de la ducha

los calendarios de desdicha

borrando días con clavitos

en las cárceles

las rayitas que vamos dejando en los muros

con nuestras vidas

y espejean en algún calendario

de cierto firmamento

 

pintura, aunque sea de brocha gorda

dolorida y silenciosa

 

bien rupestre

                                                 a mis lectores

Tras largo vivir en el patio trasero

 de ciudades rutilantes

empiezo

contando una:

 

mi ciudad no es fundacionalmente huidiza pero se fue haciendo así;

por una suerte de vicio defensivo esquiva la realidad,

puesta a esquivar gambetea como en el fútbol,

miente en el truco miente a más no poder

hasta que ella misma se la cree

modifica la historia

y no le queda otra que entretenerse

inventando héroes

y repatriando restos,

 

mi ciudad por estas y otras grandes debilidades

viste una capa de pura paradoja

invisible para los de afuera

es decir cree a pie juntillas en una cosa y su contraria

 

a veces diagnostican a mi ciudad esquizofrenia

y autismo en severas proporciones

si a eso le sumás soberbia y menosprecio

a toda prueba

el cuadro verista es poco tentador

 

ciudad en suma, de poco jaque

y mucho mate

 

y yo que sin saber nadar

manoteo

manoteo por sacar la cabeza fuera del agua

y los pies qué


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