Maite Martí Vallejo

MAITE MARTÍ VALLEJO 

Barcelona (España), 1979. 

Vive en Canadá. Es mentira. Vive en Barcelona y siempre ha vivido en Barcelona. Pero le gustaría que “vive en Canadá» fuera toda su biografía. Ha publicado dos poemarios hasta la fecha: Todos vienen al funeral de Rick y La vida cotidiana arrasa Europa, ambos en RIL editores, y anda escribiendo un tercero al que de momento llama Es púrpura. Como artista visual ha participado con sus intervenciones del retrato femenino en galerías de Madrid y Barcelona.

Poemas

Vale al margen no solamente del final
si se trata de impedir la muerte de lo escrito.
Para mí la memoria no es hija,
es madre que relata una opción plausible
en multitud de textos que no lo son.

No se duda de la sangre cuando apremia
y afirma tajante nunca mejor dicho
yo nací en forma de fractura
y de ella solo soy hija.

Esto nos lleva al fracaso.
El fracaso se pronuncia al decantarse de lejos
por Teresa de Jesús y las tumbas de piedra.

Me muero en nombre de la pintura barroca
y de algún libro ante la negativa de abrir
la fosa con una pluma.

Este es el panorama del que siempre se mostró
interrumpido e incapaz
de parafrasear.

Al cabo una vida de manifiesto depende de
salir a buscar, es decir, que en el caso de hallazgo
lo que va a suceder explicará la señal inestable.

Se coge el verbo más adecuado en garantía de permanencia
porque lo que queda son las razones de lo visto hasta aquí.
Los que pasan por ser preferidos van más allá del vale.

Vale que muerto el rey el destino adquiera una anomalía:
también yaceré yo
porque lo que he convertido en poema
es muy similar al poder del plomo.

(De «La vida cotidiana arrasa Europa», RIL Editores, 2019)

Aquí se interrumpe la construcción de la memoria.
Fuere mejor pasar sed
que ver cómo se pudren las raíces.
Una mujer rubia duerme
con la cabeza ladeada.
Un hombre triste con cara de estar muy triste
hace sus abluciones matinales.

Amor vaga y no se detiene en ningún lugar

Siempre tiene la mano metida en el bolsillo
para evitar
que me escape.
Se quita la camisa para hacerlo.
Eran empujones, muchos empujones.
Me daba descargas eléctricas con un aparatito.
Me pellizcaba,
me desollaba, me pinchaba, me arrancaba el pelo,
me compelía.
Él decía que era sólo un poco de sal.
Y me lavó
la boca con esa sal.
Mi saliva sonaba como música
y se volvió
de un dorado brillante.

Amor vaga y no se detiene en ningún lugar

Hoy, esta noche, dentro de un rato.
El subjuntivo es la estación de las inundaciones.
Y Rick regresará
si procediere, si hubiere ocasión.
Y la madera de olivo.
Y los paneles de madreperla.
Y las esmeraldas a modo de clavos.
Y nos casaremos.
Un 10 de octubre en la Mairie de París.
Con enorme pobreza en la sangre.
Con enorme pobreza
en las fuentes.
Y en los senderos.
Y en las pérgolas.

(De «Todos vienen al funeral de Rick», RIL Editores, 2018)

Le debía más a la fantasía que a los datos concretos.
Las curas milagrosas no conciernen solo a los judíos.
La yaya decía jodíos y tócate el pijo. Muchos golpes,
pero ninguno tan sucio que no se pueda lavar.

Ahora soy mejor. En el sentido de que no me libero de él.
Sin embargo, existe una sombra que engendra y disemina
lo mismo: la paz de las alturas.

Haz que sea salvo y no te negaré que acudí
no para compadecer,
sino para abatir.

Mozart era un gilipollas. Trabajaba a la luz de las velas.
Un hombre ardiente se quema y la multitud asume
que solo es sobrenatural quien puede.

(De «Es púrpura», en construcción)

Johann Lukas Schönlein vive con sus padres. Su madre muere, se queda solo con su padre
y, simbólicamente, forma una pareja con él. Una amiga se lo hace notar y es un shock.
Se va a un monasterio, se levanta para orinar a menudo, incapaz de vaciar por completo la
vejiga, ve a un perro que tiene una erección, coge un palo y golpea al perro hasta matarlo.
¿Limpio, no limpio, cruel?
Las metáforas son un argumento para la guerra, pero nadie aspira a tanto.
¿Normal, no normal, lógico?
El título quiere decir que las afirmaciones de este poema deben ser tomadas sin sentido
místico alguno. Todos besamos sus pies y sabemos lo que significa. El lenguaje de los
sueños es un lenguaje estúpido, dado que está saliéndose del tema debe ser comprendido
de manera indirecta.
¿A quién le importa, a quién no le importa, importa?
La importancia de una laguna no está en relación con su superficie, sino con su
profundidad. Si no sabe en qué día vive, el día no llegará.
No es un mensaje de esperanza, es evidente que Schönlein no lo hizo.
¿Cuántos de los pacientes advirtieron que “una vez tuve un sueño" ha sido siempre la
premisa?


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