Marcos Bauzá

MARCOS BAUZÁ

Tucumán (Argentina) 1980.

Vivo en las afueras de Las Talitas (Tucumán). Soy artista visual, curador de arte, dj, gestor cultural, humorista, editor y poeta. Dirijo “Editorial Pensamientos” y el ciclo de poesía “Vamos Viendo”. Soy miembro de la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer. Soy curador de poesía en “Mi aporte a que el puerto no importe”. Premios y Menciones: Primer Premio Federal Bienal BIT, representando a Tucumán con un poema visual (2020). Valoración especial del jurado en los XIII Premios Literarios La Nunca Poesía de Ediciones Oblicuas, Barcelona, España (2019). 1° premio Convocatoria 2013, Serie poesía, Club Hemingway de Escritores y Lectores, La Plata (2013). Ganador de la Convocatoria “El último día del Verano” del Club Hemingway de Escritores y Lectores, La Plata (2012). Selección oficial Sitios Tangentes ´09, 2° mención de poesía en el V Mayo de las Letras, Tucumán (2008). 2° mención del concurso Poeta Revelación de la Revista Plebella, poesía actual de Buenos Aires (2008 y 2011). Libros editados: Reverso, Colección de poesía «Ojo de Tormenta» (Club Hem Editorxs, La Plata, 2013), Los ideales y las flores (Editorial Pensamientos, Tucumán, 2016).

Poemas

Quiero poner un maxikiosco con tu nombre
y que los niños vayan a comprar golosinas
con la plata que les dio su abuela.
Quiero que los pibes compren birras
y papas fritas
y se junten con un pequeño puñado de amigos
a escuchar una lista
de reproducción
con su música preferida en YouTube.
Quiero vender paquetes de galletitas amor
a esa piba enamorada de la vida
que piensa
que esta vez es para siempre.
Quiero verte sonreír
cada día
cuando pasés con la excusa
de comprarte chocolates
Quiero recibir los billetes
que acariciaste con tus manos
e intercambiarlos por Coca Cola y alfajores.
Quiero cargarte la Tarjeta Ciudadana
y que des vueltas
por la ciudad
en el 19,
con el aire acondicionado encendido
mientras leés una novela breve
y mirás absorto
la belleza del paisaje
por la ventanilla.
Quiero decirte: sí tengo,
cada vez que pidás fuego
para encender
uno a uno
todos los días de tu vida
y exhalar el humo
que se expande
lentamente
por el aire
mientras pensás en mí.

Navego por internet
para no sentirme solo
y googleo tu nombre
para sentirte cerca.
Veo a tus homónimos
en la pantalla.
Ninguno es como vos.
Billie Eilish me acerca
la dulce melancolía de no tenerte.
Lana del Rey me sumerge
en esas noches
en que jugabas PlayStation
y reíamos,
comiendo unas porciones de pizza.
Eras joven, hermoso e invencible.
Eras Dios en tu habitación
en la euforia
de llegar a la final.
Cierro los ojos
y quisiera
ser Messi
para que acariciés
el joystick
hacia arriba y hacia abajo
y también a los costados
con esa tenacidad e ímpetu
que te caracterizan,
así
avanzás
sin más preámbulo
que el fulgor de la hinchada
enardecida
y el relato en off
apasionado
del locutor del FIFA
que cada vez que lo lográs
grita
Gooooooool.

Mi mamá está preocupada
porque solo he escrito un poema
en lo que va del año.
Y es que he intentado
escaparme
de la poesía
pero ella siempre vuelve a mí
como regresa
una y otra vez la bala
disparada por Verlaine
perforando la muñeca de Rimbaud,
en un cuarto de hotel de Bruselas.
Y es que he empezado una nouvelle
y marcha bien.
He intentado
volver a las melodías y al ritmo
de una música
que se resiste y desespera.
El verano ha tostado mi frente
y he leído poemas de César Vallejo
o programado exposiciones para el año.
He intentado vencer a la tristeza
y al puño
lanzado por mi hermano
contra mi pecho
y su violencia
que se repite
como un quebranto.
He bebido cervezas con amigos
y he vivido,
he muerto como las horas
y he luchado contra el olvido.
Mamá no te preocupés.
Estoy bien.
No soy un poeta maldito.
En mi vida hay alegrías y tristezas.
Hay amor y violencia.
Hay noche oscura,
esperanzas
y rayos de sol.
Hay adicciones y pobreza.

Sin embargo soy rico
en palabras y silencios.
Y sobre todo aún creo
que vivir vale la pena.
¡No hay cosa más linda
que verte,
charlar
y compartir con vos
verduras salteadas y milanesas!

Él no sabe de poesía.
No sabe lo que cuesta
poner en palabras
estas voces y sentimientos.
Él cree que pierdo el tiempo.
Él me ve sumido
en una tarea inútil,
vana, sin importancia.
No ha sabido ver
que me habitan las palabras
envueltas en pensamientos.
Él no sabe cuánto sufro.
No comprende
mi dolor y sufrimiento.
Entre nosotros existe una muralla,
hecha de rencores, miedos y cemento.
Una voz lírica viene de la infancia,
trae imágenes preciosas, recuerdos.
Reímos a la sombra de tiernos
mandarinos y naranjos
y el níspero hermoso que aún vive entre mis sueños.
En la siesta,
Hacemos carreritas con autitos.
Navegamos en barcos de papel entre canteros.
Todos juntos jugamos a las cartas.
Vemos dibujos animados en la tele.
Sin embargo nuestra historia
está repleta
de accidentes, heridas, resentimientos.
Hoy nos separa un abismo.
Estamos al borde,
unidos por la sangre.
¡Ay, si supieras lo que siento!
¡Si lograras ponerte en mi lugar,
solo un momento!
Hemos olvidado,

mutuamente,
nuestros colores preferidos.
Un huracán ha surcado nuestras vidas,
con violencia.
No hemos aprendido a domar el viento.
Miro una foto, juntos en Mar del Plata.
Pienso en voz alta:
«Él no sabe la falta que me hacen sus abrazos.
Verdaderamente,
él no sabe aún cuánto lo quiero.»

He intentado con vehemencia
estos días
salvar mis alegrías del hogar,
rosadas.
He podado sus hojas
putrefactas y muertas,
con extrema paciencia.
He estado atento
a la cantidad de agua que beben.
Las he puesto al sol
para que hagan fotosíntesis.
He invocado a los budas y bodisatvas,
en su nombre.
Le he pedido tanto a Dios,
en todas sus formas
para que sigan aquí,
a mi lado,
a pesar de todas
las inclemencias del invierno.
No tienen flores,
ahora
pero no me importa.
Solo quiero compartir con ellas
un día más
y sonreír
al verlas en el dintel de mi ventana
mientras friego los platos y ollas
y la espuma se escurre
lentamente
por la superficie de los platos.
Aunque hayás elegido
no compartir tu vida,
conmigo.
Aunque elijás dejarme una noche
y llamarme la tarde siguiente
para saber si estoy bien.
Aunque mis lágrimas
caigan
al fregadero
mientras escucho la voz de Dido:
No quiero mover ni una sola cosa,
podría cambiar mis recuerdos.

Aunque las letras de Adele
tengan más sentido que nunca:
Las cicatrices de tu amor me recuerdan a nosotros.
Me dejan pensando en que
lo tuvimos casi todo.
Vi morir las flores
y no me di cuenta
que te estaba perdiendo.
Quizás fue demasiada
felicidad.
Lo sé.
Te veo ahí.
Al lado de los lazos de amor
y ahí están los vasos
que usamos,
apenas ayer,
y más allá
las espinas de mi cactus
indemnes
entre las suculentas y petunias
violetas,
con el cielo gris
cemento
que me recuerdan a tus ojos
alejándose
diciéndome que seamos solo amigos.

Redes