Ariel Aguirre

Santa Fe, 1991

Licenciado en Letras (UNL). Publicó los libros de cuentos Dos y Tres (2015) y Weekend (2017) y el libro de poesía Las cuerdas que nos sostienen (2016). Es parte del grupo de poesía La Chochán. Dirige el taller literario en la Residencia Juvenil de menores en situación de encierro (Coronda), como parte del programa de talleres anuales impulsado por el Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa Fe en el marco del FIPR. Formó parte de la Primera Residencia FIPR (2017).

 

 

 

Inéditos

 

Lecciones de tránsito

 

Los ojos de mi viejo clavados
fijos quietos una foto impresa
sobre el vidrio el espejo del auto
mi mamá duerme mi hermano
ronca yo el insomnio
miro no sé si me ve
si me veía o solo
dejaba la vista en el gris
de una ruta en el gris propio
de sus ojos en las rayas
blancas que se suceden
y cada tanto una pupila
para la izquierda
pasar un auto una
pupila a la derecha
volver a su carril una pupila
hacia arriba: mecánica
sincronizada un reloj dentro
de otra máquina que nos traslada
nos trasladaba
a diferentes lugares
aunque un cd se repetía
fito del 63 resumo un viaje
a La Paloma doce horas
resumo en un solo tema
ese trayecto empieza
mi viejo revisa el aceite
varilla trapo mover
el tanque de agua
las villas dejando la ciudad
mi vieja saca fotos
movidas a la monotonía:
sol naciente sobre trigo
amarillo en el amarillo
mi vieja tapa el termo
mi hermano roncando
mi vieja tira apenas
el asiento hacia atrás
los ojos de mi viejo
en el espejo retrovisor
yo me hago el dormido
con tanta seguridad que
transmite esa mirada
mi viejo me dice
hay que tener conciencia
de todo el alrededor
por eso una pupila a la derecha
una pupila a la izquierda
nunca girar la cabeza
fija sobre la ruta
una pupila hacia arriba
saber quién viene atrás
tener noción absoluta
del espacio no apretar
tanto el embrague
tener conciencia para tener control
el acqua planning es jodido
el caucho y la fuerza
de rozamiento no se llevan
con el agua los ojos de mi viejo
como mar son celestes
cuando les da el sol
pero la mayoría de las veces
están grises y contrastan
un claroscuro con el vidrio
gris oscuro
mi viejo me pasa un mate
desde la parte de atrás de mi auto
yo cebo mucho mejores
que éste todo sopeado
le pregunto si está bien
si va cómodo él responde rápido
para que yo vuelva
la cabeza a la ruta quisiera
que se relaje que pueda
dormir un rato o al menos
dejar de mirar todos
mis movimientos no sé
miro hacia delante la ruta
es ahora autopista
pero voy por la mano
que era la ruta vieja
pienso en la cantidad
de veces que viajamos
por ahí en lo extraño
que se debe sentir
ser llevado mi viejo
se creía piloto no
le importaba llegar antes
importaba pasar
los otros autos
a mí no me dan ganas de agarrar
nervios lo miro por el espejo
mi viejo se incomoda
gira la vista hacia la soja
me pregunta si ya está el mate
chupo un poco hasta el ruido
estiro la mano hacia atrás pero él
se apura a agarrarlo
sin que yo tenga que girar
no perder el control
de la escena el espacio
el contacto
nuestro es y fue
a través del vidrio
somos
diferentes

 

Espejo izquierdo

 

El espejo del lado izquierdo
pixeles gotitas adheridas
a un reflejo viscoso veriles
siluetas amarillas pensaba
arrancar cuando terminara la fila
de autos pero vuelvo al punto
muerto y apoyo la cabeza
dejé el celular cargando en casa
si no sacaba una foto
–ahora no puedo perder oportunidad–
pero no alcanzaría
a tomar el movimiento ni
lo que significan para mí
esas luces cada gota
dice distinto
lo que viene –cada auto– un
tiempo pretérito acuoso
frágil ella elevaba la voz
y se levantaba de la silla
decía: yo quiero que pienses
en esto que te digo decía:
voy por mi deseo y si no te gusta
decía: porque yo antes cuando era sola
que vos antes más atento
que hacías más cosas que vos
tenías otros sueños que a mí
ya no me interesa esto
que a mí ya me interesa
esto otro ¿qué pasa?
¿te cansaste de jugar juntos?
¿te aburriste de pelear conmigo?
abro la ventana y prendo un pucho
cierro la ventana porque me mojo
–estuvo lloviendo estos días
como si fuera verano–
me asqueo de fumar en el encierro
y apago a la mitad
no nos dejemos por lo menos
hasta que el invierno pase
dejá de fumar no te mueras me decía
¿qué voy a hacer yo sola
en esta cama tan grande?
hoy es invierno no es verano
como dice la lluvia pero igual
no me interesa estar tirado
con vos y mirar media película
con la lluvia de fondo y unas voces
yanquis prefiero estar en la cueva
tomar cerveza escribir
en contra tuyo inventarme historias
y pensar de vez en cuando
en la última vez que nos vimos
en mi casa y dijiste
que quizás algún día
me podías perdonar
algunas cosas yo abrí
la boca para decir algo

 

sólo suspiré:

 

silencio

 

que tus palabras resuenen

 

la lluvia merma apenas y abro
apenas la ventanilla para airear
no sé cuánto tiempo estuve
pero el caudal de autos bajó
o ahora veo más
y en realidad no eran tantos
una visión defectuosa por
tanto líquido en el aire
las gotas siguen adheridas
viscosas elásticas
frágiles se mantienen
las distintas formas
en que vemos
lo que no existe

 

 

Junto al Ubajay

 

Una noche trasladamos
dos cajones de cerveza
en el baúl de un auto
que apenas se movía
Llegamos a una casa
de fin de semana y
con un celular grabamos
un programa de radio
que duró cuatro horas
El auto no era nuestro
ninguno tenía edad
para conducir fuimos seis
con lugar para cuatro
tomamos cerveza hasta
quedarnos dormidos
junto al fuego de un hogar
El celular quedó grabando
y consumió la batería
cuatro horas duró sin
apagarse fuimos seis
en lugar de cuatro
que era el lugar que había
fuimos apretados
en el auto del padre
de Lalo que había viajado
por unos días a Chile
Cargamos dos cajones
y llegamos a una casa
de fin de semana que tenía
un hogar y lo encendimos
porque era invierno grabamos
un programa llamado
La Radiotina
Nuestros padres no sabían
que estábamos ahí
ni que nuestros cuerpos
absorbían tanta cerveza
ni que Mati tenía la llave
de la casa de fin de semana
con piso de pinotea
Y ninguno de nosotros sabía
que los troncos
cuando hacen brasas
las brasas caen y los troncos
cambian su forma
Grabamos un programa
de cuatro horas que nadie
hasta el día de hoy
se atreve a oír
Nos despertamos y no
veíamos a más de un metro
salimos afuera al césped
hacía mucho frío y el rocío
nos mojó las medias
El auto del papá de Lalo
estaba empañado
sacamos de adentro
el matafuegos y tiramos
los culitos de cerveza
sobre el fuego
No sabíamos que los troncos
cambiaban su figura
y rodaban
que la pinotea
era un combustible
tan difícil de extinguir
y que las casas
de fin de semana tan
frágiles eran que si uno
abría la ventana para
que el humo se vaya
el viento frío del invierno
podía entrar y consumirse
demasiado rápido al punto
de dar un montón de cenizas
cuando vienen
los bomberos y llegan
los padres de Mati
y ven el auto y la madre
se agarra la cara
para que no la veamos

 

 

de Las cuerdas que nos sostienen

 

Sobre el pavimento

 

Un colectivo de larga distancia
nos lleva a un lugar nuevo.
Entre la cortina y tu pelo atado
la ciudad se pierde.
Antes de pisar la autopista vimos
edificios modernos, iglesias,
una escuela triste.
Nos llamó la atención
una hamaca oxidada
y una larga fila de ropa
tendida en una cuerda
que cruzaba el frente de una casa.
Los chicos jugaban en el basural.
Yo no sé vos qué sentiste
ni sé si tenías los ojos abiertos
porque en ese momento te acaricié
y después me abrazaste y creo
que los dos nos quedamos pensando
en las mismas cosas.

 

Necesitamos esa sensación
de la piel en el pavimento,
como pisar descalzos la brea
en verano, aunque ahora tengamos
zapatos cómodos.
No te sientas mal, amor
por cosas que no tenés la culpa.
Si el arte fuera burgués
los ricos serían los pobres.
Soltate el pelo y sobre el pasto
pensá en la caparazón de un cangrejo
que bordea las olas,
en la huella del pájaro
que pintó sus uñas en la arena,
en el aroma de la flor que robaste
para olerla vos sola.

 

Yo te entiendo bien y entiendo
por qué lloraste y cantaste
esa canción en el bar.
Tantas cosas pasaron que no sé
que estarás recordando ahora.
Nos alejamos con comida
con camperas, con plata
y parece que nos fuéramos
como en una huida rebelde
infantil, poniendo unas medias
calzoncillos y bombachas
en un bolsito amarillo.
Quizá nos vamos para encontrar
esa ternura, ese gesto risueño.
Quizá queremos reírnos
sin tener que encontrar motivos.
Quizá queremos encontrar motivos.
Quizá queremos olvidar motivos.
Quizá pensemos que las cosas no son así.
Quizá las cosas no son así,
son de otra manera.

 

 

Simposio de letras

 

Suena una música de computadora
con ruidos eléctricos precipitados
en lucecitas verdes y rojas
perlitas pop.
Afuera del salón
veo nubes negras y las ramas
que se agitan pidiendo agua.
A nadie le preocupa la tormenta.
Las gotas adentro no mojan
se ponen bajo la lengua
y tienen sabor dulce.
La decoración la bebida los bailes
las mujeres los culos los escotes,
todo es tan elegante
que me da vergüenza tirar
la colilla en el piso. Le pido a un mozo
un cenicero y enseguida
me trae uno de vidrio grueso
grabado con flores.
A Luis se le paró el corazón
antes de patear la pelota.
Cuando daba los últimos golpes
de la colilla en el vidrio,
una rubia cuarentona se acercó
y puso un pucho recién prendido
en la caladura del cenicero.
Me miró pidiendo permiso
y felicitó a mi amigo por su conferencia.
Foucault Nietzche Habermas.
La realidad es un entretejido de palabras.
La realidad es discursiva.
Derrida Deleuze Barthes.
No hay hechos, hay interpretaciones.
Cuando iban por Laclau
mi amigo ya tenía un pie más adelante
el cuerpo inclinado y se pasaba
por los dedos dos tiritas de tela
que sobresalían del vestido.
La única verdad es la realidad.
Me fui a sentar a una de las pocas
mesas que quedaban y pedí otra cerveza.
No existe nada
por fuera del lenguaje.
El corazón de Luis se paró
justo antes de patear al arco.
Es imposible imaginar un mundo
sin palabras, moverse
entre perlitas pop.
Si Luis hubiera pateado esa pelota
si hubiera sido gol o hubiera pegado
en el palo, o la hubiera tirado
a la mierda y estuviera acá
entre nosotros
necesitaríamos hablar
para entendernos.
El cuerpo humano necesita
sangre oxigenada no palabras.
Si los del equipo le decían:
Dale Lucho no te mueras,
dale Lucho no nos hagas esto.
Igual me gustaría que me cuente
qué música estuvo escuchando
qué canción lo desveló.
Aunque podríamos compartir
esta cerveza y quedarnos callados
mirando el movimiento de las luces
o estar en un río fumando o tocando.
Pero Luis tuvo muerte súbita
antes de meter el gol.
Por eso cuando nos juntamos
los amigos siempre lo recordamos.
Lucho Alberto
Rata Lubisito Lubi Uli.
Después del giro lingüístico
entendimos que las injusticias
se lloran con las palabras,
pero ninguna teoría explica
cómo esa pelota no entró al arco.

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