Celeste Diéguez (Chascomús, 1979)

Publicó los libros La capital (2012), La enfermedad de las niñas (2013), El camino americano (2015), La plaza (2017), Bondiola mechada (2018) y Lo real (2018). Coordina El golpe de horno: taller de chapa y pintura para textos. Dirige la colección de poesía de Club Hem Editores.

 

1-
Si la altura en que crece frondosa la tromba de piedra y cemento que preña al río que envuelve la polimorfa alegoría de vida donde articulados cruzamos de par en par el hueco que deja abierto nuestro intento de formar una pira una pirca un grupo de objetos apilados en el mundo que nos haga volver que nos sirva de seña en la polvareda que somos el polvito que nos agrande el pedazo de cielo que nos toque el pedazo de cuerpo que cargamos el pedazo de piel que transa con lo externo el órgano que llevamos cruzado en el pecho como una honda si atravesamos a nado ese río y su hermético fabricar a cambio de guijarros semillas valores sellos o si uno vuelve presuroso bajo tierra en transportes públicos demasiado cargados apretado contra la boca del otro con la palabra del otro adentro que se respira como un secreto
si se cree digo
en la posibilidad de un fugaz reposo en esta sucia estructura que se derrumba precipicio que se escabulle o se aplana tridimensional o escarpado vertical o invisible dejándonos siempre al borde probando vinculaciones que de antemano sabemos fallidas.

 

2-

Nos preguntamos esa vez
acerca de la distancia justa a mantener
con las otras personas
que suben la escalera mecánica del subte
un escalón –dije
tanto?-dijiste
depende,
podes ser invasivo si estas demasiado cerca
te empujan si dejas mucho blanco
todos nos ponemos nerviosos.

Te pusiste contento porque nos deteníamos
a pensar en esas cosas
pero te dije
que no me gustan las coincidencias
me ponen nerviosa
es como estar demasiado cerca;
todo lo que aprende a moverse
lo primero que hace es alejarse.

 

3-
Bondiola mechada

Y en año nuevo
siempre el mismo ritual:
ir caminando por el puente viejo
recortado sobre el río cada vez
más podrido pero ante tu mueca ese perfume me gustaba
un olor fuerte, definido, salvaje
de barracas a avellaneda
de avellaneda a barracas
por el borde de fierro íbamos felices
a elegir la carne para la cena
a ese lugar especial, un dato
que habíamos conseguido no sé como
y parece mentira que tiempo después
cuando ya no estábamos juntos
resulta que mi madre conocía esa carnicería
-Pertenece a un famoso frigorífico – me dijo-
uno de los pocos lugares fiables para comprar
carne de calidad en zona sur-
Qué loco pensar que su hija también
peregrinaría llena de esperanza a señalar
tras las vidrieras decoradas
con hojas verdes y tomates cherry
una colita de cuadril
un matambre
un peceto
una bondiola de cerdo mediana y rosada
para mecharla más tarde con ciruelas,
agujerearla despacio por la punta con el cuchillo chico
sin apuro ir entrando con los dedos bien profundo
toda esa información dulce, lista para explotar luego
ya en el horno estremecida por la salsa
agridulce que espesa chorrea por los flancos de la bondiola
dorada y perfecta como un submarino semihundido
a punto de perderse en los misterios de la cocción.
La bondiola va bien con la papa rustica, lavada con cepillo
y hervida con cáscara que se sirve abierta
o en rodajas con un rulo de manteca
bajo una pizca de sal y pimienta negra;
había que encargarse de los vinos
y si estábamos de buenas un champagne,
temprano ya empezábamos a cocinar y a beber
hasta que envueltos en una bruma violeta
al momento de la cena
alguna desavenencia
rodaba por el borde de la fuente
entre la primera pirotecnia y la sospecha
de que en el artificio de la elaboración
radica una forma de complacencia
que emula al amor
pero no logra desplazar del todo esa suave desconfianza
que comenzó a instalarse después de las vacaciones de invierno
y junto con el mousse de chocolate de caja
empasta este año que empieza de manera incierta.

4-
Estás en la estación Don Bosco
Veo un perro detenido en la puerta de semillas Constanzi.
Supongo que es un perro
aunque desde el tren lo veo como un zorro.
Desde hace un tiempo, zorros veo por todas partes.
Zorros, lobos y coyotes.
Cánidos podría decir y ahorrarme más de cuatro palabras.
El perro está cruzado en la puerta
cómo un viejo trofeo medieval de bronce.
O la heráldica de una casa noble:
el escudo de armas de la familia Constanzi, agricultores.
Mira hacia mi derecha, que es su izquierda.
pero como yo lo estoy leyendo a él
es como si señalara con su hocico algún futuro.
El mío.
Entonces mi tren arranca rápido hacia lo que sería la derecha para el perro Constanzi;
su futuro quizás, pero mi pasado,
el pasado de quien lee de frente
este firme y peludo blasón oriundo de Don Bosco.
El mira fijo hacia donde provengo;
y yo lo miro con anhelo,
empañando el vidrio grueso de los trenes nuevos;
lo único bueno que hizo randazzo, dios me perdone;
color caramelo con el pecho crema
suave cruzado en la puerta de semillas Constanzi.
Los animales salvajes
que alguna vez fuimos esperan en la puerta;
narices al viento, oteando la tormenta que viene.
Saben de todo más que nosotros
temen lo justo, ignoran lo innecesario.
Todos los animales salvajes que alguna vez fuimos
quedaron observando la metamorfosis de nuestras glándulas;
nosotros dele que dele, traqueteando
hacia la derecha, hacia el pasado.
Y ellos alineados: hocico lomo y cola en una flecha clara.
Los animales salvajes que alguna vez fuimos
nos leen invertidos quizás, como un espejo
o una foto en la que todo está del revés
pero sólo se nota en la palabra escrita.

5-
Un útero un nombre una hamaca una habitación propia un baño privado una butaca en el medio ni muy arriba ni muy abajo un asiento individual junto a la ventanilla un juego de cubiertos una celda de máxima seguridad una jeringa recién abierta delante mío la yerba nueva para empezar a cebar un voto universal secreto y obligatorio un hombre que no sea el novio de otra un cepillo de dientes exclusivo para mi boca un jesús personal un cajón donde nada más entre mi cuerpo un numero de pin único e intransferible una clave para el face una clave para hotmail una clave para gmail la clave de homebanking la contraseña del campus la clave inútil de linkedín un solo donante anónimo un preservativo que será usado por primera y última vez una tarjeta sube sacada con mi número de dni un cenicero limpio un solo corazón para toda la vida un solo lóbulo frontal una bolsa de dormir roja un tórax un numero de calzado invariable una lengua en común.

6-

Y el cuchillo anda engrasado
con el aceite de lo que fuimos
dos pieles y sus filos
espejeando a la par
chocando
lado a lado con su chaira
zumbando juntos mi vida
zambiando
sin perder brillo, oblicuos
para un lado
y el otro
dos puntas
dos puñaladas certeras
o erradas y daba lo mismo
lo mismo, palomitay.

Todo lo que era blanco
todo lo overo
todo lo sin gusto
en la vida nuestra
ajustadito
con tiento
lo trenzamos juntos
los pedazos de cosas
lo vivido
con pelo tuyo y mío
con cuero
retorciendo
una soga en la furia, un rebencazo en el polvo
que acomodaba, mi amor
lo que estuviera mal puesto.

Y malhaya el gemido
que el embrujo entró
peleando
con todo de punta y un trapo
mal doblado como quien saca
del horno, la fuente
como quien clava galleta solo
para limpiar
el filo.

Y después la soga ay
y con la soga el yugo
una brizna una taba
un relincho
que orejea la tarde
volear las palabras y con ellas
separar las cosas
y que no vengan después las palabras
o que las cosas no se puedan decir
y que no venga el sentido
y que el sentido sea sentimiento
mal soldado ese hueso
la grupa conmovida que todavía tiembla
un comercio que principia a andar pesando
como rienda que golpea laxa
sobre lo blando
sobre lo amoroso
que entraba dulce en la grasa de los días
como en la manteca,
y el fogón que ardía en nuestro rancho, prendía.

7-
Chicas del 2000
Cuando era chica y tenía pesadillas de noche
mi madre me traía té y una bolsa de agua caliente;
la puerta ventana daba al fondo de casa
más allá estaban la laguna, los juncos
y los pozos de la draga.
Cuando era chica era hija única
mi interior me parecía más apasionante que cualquier experiencia
excepto inventar historias, subir a lugares altos
y apretar bailando lento en los asaltos.
Cuando era chica quería ser detective, veterinaria y escritora
leer el mundo como una partitura,
huellas digitales o un sistema circulatorio
dentro de un cuerpo o en signos sobre una hoja.
Cuando era chica me escondía en el pasillo y miraba
las películas de grandes que pasaban a la noche,
mi madre nunca convivió con ningún hombre
ella decía que su libertad valía mucho más que un marido
mi padre se borró cuando la hiperinflación,
con una familia ya tenía suficiente;
supe del orgasmo antes del primer beso,
la regla me bajó a los trece.
Cuando era chica me gustaban los villanos
y quería ser madre soltera para no compartir las decisiones
usaba una remera negra que decía Harley Davidson
tenía grandes planes para mi futuro
era fanática de Stephen King, me emborrachaba con Gancia
y otras mezclas asquerosas como Tía María;
escondíamos los cigarrillos en el baño de la matiné
que como era en el Club de Pelotas, le decíamos Pelotita’s.
Mi educación sentimental estaba mixturada
como la de muchas hermanas de mi generación
mezcla de todas las películas de preparatoria yanquis
algo intermedio entre Beverly Hills
y Socorro Quinto año, pero bonaerense;
sentía que los temas de Roxette habían sido escritos para mí
y nos colgábamos unos horribles chupetes de acrílico del cuello
sabíamos de manera fantasiosa un poco del sida, un poco de la merca y a los homosexuales del pueblo los llamaban maricones;
las chicas usábamos impulse, los chicos axe
en el diario de poesía leí La zanjita de Desiderio
y un amigo me hizo un tatuaje que nunca se supo bien que era;
yo era chica pero siempre me sentí más grande
andaba con el buffer subido a la máxima potencia. Cuando fue mi primera vez,
con ese novio fanático de Iron Maiden hice con el dedo un dibujo en la luneta de su auto
mientras pensaba – esto era?
Con mis amigas nos creíamos chicas del 2000
y la noche de cambio de milenio en el falcon de José
chocamos contra un árbol
ese día no pasó gran cosa pero la nueva era
trajo aparejados algunos eventos relevantes;
abrimos un bar con mi vieja que se lo tragó el bardo,
empecé a tocar en una murga, abandoné la militancia
me hice un aborto con pastillas
sin contarle nada al chico con el que me iba los sábados
se murió Rodrigo, el país se prendió fuego
me enamoré de un hombre casado
mi amiga Marie quedó embarazada de Lucía.
me partí un diente y cumplí 21 años.
Será que acaso hoy sueno confesional y autorreferente
como me dijo una vez ese poeta choto que había muerto
pero no se había enterado;
será que si estoy hablando de mis cosas
no tendrían que venir a decidir los otros;
será que sobre el cuerpo y la escritura
siempre hay que reservarse la última palabra.

8-
La princesa epiléptica y el conducto de aire

Otra vez tengo la cabeza metida en el conducto de aire pese a todos los cuidados que puse en no reincidir en guardarme muy bien de establecer lazos duraderos de escasas facilidades de huida aunque no creo no creo estoy intentando reinsertarme creer que no todas las cosas que pienso sucederán he tratado de llenar mi mente de buenos pensamientos he aireado las habitaciones he reído alocadamente con pamelas y melitas de avena he quitado palabras como :defensa utilidad procura secuela he borrado caminando hacia atrás las cosas que podrían ser huellas que me indiquen el camino para volver al campamento del fuego y la comida fría siento que debo ser más que debo serlo todo siento que debo usar la paciencia esta vez puedo hacerlo fingir una sierva ciega de gastar almíbar de suave paladar símil útero puedo serlo todo antes de agotar mi sonrisa y sus posibilidades fácil hoy difícil mañana bien se sabe golpeando algo en la noche sacudiendo un trapo en la ventana apañando lustrando algunos bronces si vienes tramposo y traicionero como un trapo franela que se hace caliente indispensable terminare fraguando toda tu desgracia en formas más depravadas para almorzar y para rendir las cuentas del haber la ganancia los centavos del sexo vertiginoso oral un poco solos un poco sin querer echar luz al asunto

Otra vez probabilidad de convulsión probabilidad de torsión y mueca espuma ah belfos humeando y el corazón ajado como una fruta vapores calurosos han venido a mí a llamarme a mí y no dejo de entonar odas al olor al aire que altamente se quema en dióxido picante que emana cuando las aguas del sueño se retiran por otras dieciséis horas de marea baja cloc cloc cloqueo sordo de maderas flotando derivas palosantas mástiles desgarrada hasta la entraña por una respiración en el cuarto de al lado en los tubos del aire que circulan en oleadas por toda la nave que es lo que estoy haciendo ahora ¿ convulsiono? mi cuerpo pasa a ser la propiedad privada del oxígeno mi piel encuentra fotosintetizadas otras conexiones eléctricas celulares inútiles o cargadas de alta tensión voltios es eso voltios no puedo ser una dinamo no puedo dar masa carga epílogo es que tengo que huir hacer la escena del síntoma es que no puedo solo soportar la emoción la intensidad la intención la emoción no puedo discernir la verdad ;existe algo que sea verdad por más de un segundo existe otra cosa que viene a ocupar el lugar de lo real en el segundo siguiente en la segunda mirada en la vez que vemos al otro es que uno puede mentir? construir un sentimiento un fuerte que flote como una fragata galeón o bálsamo ¿algo que surque algo que fomente alguna nueva capacidad afinidad hacia los hijos y posibilidades de reconocer en el otro algún trozo de algo que remotamente sea para nosotros alguien que de vuelta la cara hacia acá y diga qué?

9-

El sosegado clamor de las gallaretas
levantándose en la aguada lejana
toda untada con la grasa murmurada al oído
puro rosa en el atardecer;
así el ávido picaflor se abre
ante el coyuyo montaraz
montera la paloma arroja
con la honda un cuarzo
espejeando
así de sudorosa brilla
la piel yegua
que se raya y rezuma
al manotazo ahogado de crines y saliva.
Un belfo que se hunde en la pupila cebada,
el fragor que domina la campaña y la yerra,
el cuerpo enorme que tiembla
al lazo y al fierro;
suave el polvo envuelve los cascos
al vaivén de las pequeñas pisadas
principia el tornado y la fiebre, todo vuela
el viento es una hélice en el eucalipto
hoja vibrando en la boca que la sopla
el cielo se encauza en el zanjón,
las estrellas entreveradas con los terrones.
Ya vendrá la cigarra y la lluvia a contar sus cosas;
las semillas prenden aún en la tierra seca.

 

10-

Un hueso agujereado en el medio de su centro por donde se escapa la paz el amor la paciencia por donde se va el tao turbina que descentra y reconstituye chupa y expulsa en constante arremolinar de esquirla a polen ácaro en la brisa huella ósea a punto de desaparecer una pala excava tan hondo que se lleva todo y no deja ni el marco:

el borde arranca y exclama -el hoyo sos vos

Un haz de fibra óptica que parpadea tratando de retener algo una hebra que no se vuele que pringue el cristal para estudiar su forma y reproducir en nuevo molde un metal liviano que decante raíz que me sujete no me haga volar agitada y chocando contra todos esos eventos que en la práctica se llaman vida, que en la teoría se llaman vida y que todos sabemos que no lo son.

 

Transitando el olvido en sus múltiples formas cuando venga el horror que me encuentre comiendo un pollo y si viene de nuevo que atravesemos juntos del brazo la puerta del templo.

details-profile