Eileen Myles (Cambridge, EEUU, 1949)

Poeta, novelista, performer, activista y periodista de arte. Su misión desde el principio es llevar la forma poética a una amplia gama de expresiones que incluyen el activismo, el arte visual, la buena conversación y la presencia diaria. Ha publicado más de veinte títulos de poesía, ficción, no ficción, libretos, obras de teatro y piezas de performance en las últimas tres décadas. Entre sus libros de poesía también se cuentan Not me (1991), Chelsea Girls (1994), Cool for You (2000), I Must Be Living Twice (2015), Afterglow: A Dog Memoir (2017) y Evolution (2018). Ha recibido subvenciones y premios de la Fundación Guggenheim, Andy Warhol / Creative Capital, la Fundación para el Arte Contemporáneo, el Premio Shelley del PSA y cuatro Premios del Libro Lambda. En 2016 recibió el Premio Clark por la excelencia en la escritura de arte. Viven en Marfa TX y Nueva York.

 

Versiones en español por Julia Enriquez y Daiana Henderson

Un poco

es un poco
cierto que
el agujero en el bolsillo
de mi campera
el bolsillo del pecho
sí todo relajado
tiene un agujero y
las biromes se siguen
resbalando
hay una en el forro
pero esta
que quedó posada
ahora es un pájaro
escritor
tonto negro ahí afuera
quiere
decir su
canción. el libro
de Manuel estaba
en el aire y
yo estaba en
un tren
mis pies están fríos
y vos no podrías
estar en el
aire durante tanto
tiempo no
es así
no hay clima
dentro de un avión
y yo estaba en uno
pero no en
la tierra
mi madre
se ha ido
cada cosa que hago
está un poco
mal. estoy dispuesta
a disculparme
pero nunca
ayudan solo
señalan el agujero
y la gente
se olvida pero yo
no me voy a olvidar
de vos

 

perverso

pesadilla horrible
comiendo demasiado
hundiendo la cabeza en agua
una y otra
vez. te sentís mal
por tu hijo
todos ellos
pero sobre todo nosotros
noches malas
cuando era joven
y bebía preda
dores hombres
de cabezas
hinchadas me compraban
cervezas y me querían coger
una y otra
vez porque
yo no era nada
para ellos y él es
nuestro presidente
ahora.

 

Querido Adam

dije torta
dije sombrero de copa
dije micrófono
cuatro pequeñas cabezas de bebé doradas
esperá dije pirata fantasma
esperá esperá dije gato sonriente con los ojos cerrados
garabateó un oh dios mío
pensé fuck yeah puedo leer esto en la maratón
él dijo eileen smiles
ehhh puedo usarlo
la campana de mi computadora sonó
mismo mensaje
esperá el gato está llorando aliviado
el gato es un demonio ahora
el gato no está loco
el gato haciendo jazz racializado
uh o no mis manos blancas
estoy hablándoles a todos ahora.
y estoy usando un filtro. no, no lo estoy
reconozco que hay una
imagen de mí misma dos veces. hace poco
aprendí el término manos de jazz
si arruinamos Pensilvania cuál es nuestra
esperanza de vivir en un país robado que siempre fue robado
y trabajado en gran parte por personas robadas. De una diáspora
conservadora llegó la poeta mestiza de Massachusetts
para hacer mi marca
amor y esas cosas y oportunidades
para hablar. no podemos caernos, nos rebalsa la nueva oportunidad
descubrimos lo que significa resistencia
nuestro tiempo y hacer explotar el interior de mi computadora
estudios sobre el billete
el teléfono dice entregado
qué es.
Adam dice viste mi barba.
hablamos de dinero por un rato
ando en bici. me bajo el teléfono hace
ding. es su barba llamando. digo oh.
tenés lo que quiero
él dice lol
después calavera
después cohete
después pavo
pistola verde
y una llama. yo
no sé qué responder a eso
digo bicicleta y voy.

 

disolución

a veces me olvido en qué país estoy
podría escribir poemas en la cama
creo
tengo unos americanos
miro tu horrible pel
ícula para decirte cuándo
te equivocás y estás
siendo racista. tengo una picadura
que podría ser de cualquier cosa.
no tengo ninguna novedad
para enviar al otro lado. estoy dispuesta
a adoptar una nueva versión garabateada
estilo crayón
del vacío así que está
como llena. un niño podría dibujar este mundo
había
sido habitado tanto
tiempo.

te olvidaste
de llamar a tu familia
y ahora estás lista para escribir una
explícita
biblia de amor.

el oleaje
de la experiencia es la única
belleza aquí.

mi libro para colorear
por qué no, se parece tanto a
una película. y yo solo te entrego este libro
para colorear húmedo
digo quieto ahí. ese es mi modelo.
no el tipo de porquería
laminada que podés llevarte
a la bañera. no estoy haciendo un
libro ilustrado sobre la vida
burguesa. un libro
para colorear húmedo
es naturalmente
anaranjado. lo dejaste
afuera      ahora querés
salvarlo?     todavía sirve
y ese es tu secreto.
cómo hizo un mosquito
para meterse debajo de estas sábanas. golpeándose
contra mi pantorrilla. ellos
paran cuando yo paro
de pensar en ellos. el libro
que era mi pertenencia
más privada
ya no está.

 

Versiones al español por Rodrigo Olavarría, adaptación de Cecilia Pavón

Mantequilla de maní

Siempre tengo hambre
y ganas de sexo.
Es un hecho.
Y, si hablamos
en serio, la nueva
mantequilla de maní
sin procesar no es
buena y deberían
comprarla en frascos
de vidrio como siempre
en el supermercado
más grande.
Soy enemiga
del cambio, como
bien saben. Todo
lo nuevo que acepto
son, en realidad,
cosas viejas
reestrenadas: nadar,
las sensación de
ser sucia en
cuerpo y mente,
el verano como
una época para no
hacer nada y ganar
cero dinero. La oración
como último recurso.
El placer
como un medio
y, de nuevo,
como un medio
sin un objetivo
claro. Me opongo
absolutamente
a todo tipo de
metas. No tengo
ganas de saber dónde
esto o cualquier otra
cosa me incumbe.
Cuando el agua
hierve me sirvo
una taza de té.
Leí las obras
completas de Proust
accidentalmente.
Fue un verano.
Yo estaba ahí
y él también. Yo
escribo porque
me gustaría
ser usada muchos
años después de
mi muerte. No
sólo mi cuerpo
será compost
sino las ideas
que dejé durante
mi vida. Durante
mi vida fui
una mujer de
ojos marrones. Afuera
de mi ventana
hay un silo
chueco. Pienso
en partes de tu
cuerpo como
en franjas que
he aprendido
a amar. Nadamos
desnudas en
estanques y
yo escribo
sobre tu espalda.
Mis ideas
sobre vos no están
precisamente
prohibidas, sino
exaltadas porque
son inútiles,
no tienen como fin
atraparte
porque te tengo
y me amás.
Son un patio
donde juego
con tu reflejo
en mi hasta
que regresás
y puedo clavar
mis dientes
en tu cuerpo
real. Con vos
sé cómo relajarme.
Y así trabajo sobre
tu espalda,
que es preciosa.
Decís que la naturaleza
está fuera de control
y que eso es lo
que tiene de bueno.
Estoy inmoderadamente
enamorada de vos,
desarmada
por tus canas.
¿Por qué
lo que conozco
desde siempre no sería
lo mejor? Te amo
desde mi niñez,
cuando todos
los días eran iguales,
crecimiento azaroso
y brisas, amor
constante, un
sándwich al
mediodía,
un pequeño paso
en el inmensamente
convencional
camino del
Sol. Entorno
los ojos.
Parpadeo.
Y empiezo el
viaje.

 

Agujeros
Una vez, pasé la cuarta este, más allá de la primera avenida,
creo que a principios del otoño, tenía un agujerito
en el hombro de mi camisa blanca y otro en
la espalda—me veía sencillamente hermosa. Hubo un
momento en los años setenta cuando era hermoso
tener agujeros en las camisas y en los suéteres.
Entonces ya era 1981, pero yo llevaba el estilo de los setenta
como si fuera una antorcha. Había todo un modo
de sentirse uno mismo, más europeo
que norteamericano, a menos que hablemos de 1910,
cuando era norteamericano y hermoso ser una inmigrante
fuerte y hambrienta que creía tanto
en sí misma y en que era parte de un movimiento
tan grande como la historia que explicaba el
agujero en su camisa. Esta noche comienza
el verano, pero todas las estaciones tienen
grietas por las cuales el invierno
o el otoño pueden colarse. El sabor más
perfecto se da, curiosamente, en junio. Oh, recuerdo
cuando era una inmigrante. Alcancé una belleza
negra y me levanté de entre una pila de poemas
que rodeaban mis rodillas, tenía sencillamente demasiada
energía como para poder pensar y caminé hacia
tu casa donde había un continuo flujo de
cerveza. Al final, sólo estábamos tomando
Rheingold, una cerveza increíble. Al entrar
se me ocurrió decir que me gustaban ustedes
dos, lo que uno suele decirle a una pareja. Los
niños ya estaban acostados. Ni siquiera
puedo decir con claridad que deseaba
a la mujer, aunque en esa época parecía
que el impulso vital era desear
uno de todo. Yo pertenecía a
una generación de gente que iba a
los bares de la calle siete y bebía
whiskey barato y cerveza de barril y soñaba
con el momento en que irías a mi casa. Esos
pechos enormes. Yo cargaba delgados cuadernos que sólo
permitían escribir versos de dos o tres palabras. Te necesito.
“Acercándome al caballo”. Había sangre en todos mis
títulos y leche. Tenía dos pastillas azules y brillantes
en mi bolsillo. Te amaba tanto. Fue
la última cosa juvenil que hice, el final de
mi renacimiento, una migración hacia mi
mundo de los sueños que ni siquiera mis abuelos
se atrevieron a vivir, siendo prisioneros
de la esquizofrenia y el alcohol, aunque
fui amante de ambos. Lo bello
de la historia es que sí ocurrió.
Fue lo último que ocurrió en Nueva York.
Todo lo demás pasó mientras yo intentaba detenerlo.
Todo lo demás tenía vida propia.
No creo que deba disculparme con ellos,
al menos uno de sus hijos me odia a muerte.
Se puede tragar mis tripas, me
da lo mismo. Yo tenía un agujero en
la parte delantera de mi suéter negro
sin mangas. Fue simplemente algo
que ocurrió. Creció
y creció. Me gustaba meterle
el dedo. Cuando llegó
diciembre no podía levantarme
de la cama. Seguía despertándome
a las seis de la tarde y era el día de Navidad
o de Año Nuevo y había
empezado a tomar y a comer. Recuerdo
que me serviste el más hermoso
plato de fideos con salsa roja. Era como tu concha
sobre un plato. Conocí gente en tu casa,
incluso gente con la cual salir y coger,
lamentablemente, sin saber eso
del fruto prohibido. Se me olvida
cuál es el único pecado. Alguien
me lo dijo recientemente. Tengo
tantos agujeros en mi memoria. Entre
este lugar y las cosas de las que estoy
separada. Tomo un libro y
otro libro y la memoria
y la separación parecen ser
lo único sobre lo cual
todos escriben. O todo
lo que me dejan leer.
Pero recuerdo esos
hermosos agujeros en
mi espalda como una
hermosa capa
de sentimiento.

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