Jorge Alejandro Vargas Prado

Cusco, Perú, 1987

Licenciado en Literatura y Lingüística por la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Publicó libros de cuento, poesía y novela. Como traductor y recopilador destacan las publicaciones Qosqo qhechwasimipi akllasqa rimaykuna-Antología quechua del Cusco, junto a César Itier y Luis Nieto Degregori (2012) y la edición trilingüe Poesía súper contemporánea de Perú y Estados Unidos, junto a Noah Cicero (2017). Integra las antologías Cholos: 13 poetas peruanos nacidos entre el 70 y el 90 (2014) y Selección peruana 2000- 2015 (2015). Fue parte del Grupo Editorial Dragostea y participó de los proyectos musicales Chintatá e Ishishcha.

 

 

 

de Pacha Kuti Love 

 

 

Contemplación del astro que desaparece cuando se lo nombra

 

El pasto seco se enciende a tu paso

y de sus cenizas crecen árboles de q’iwña y ciruelos y pisonays.

Por eso

a ti se te ha encargado

atar al sol el día más frío del invierno

y traerlo de vuelta.

Así

a ti se te ha encargado regular el ciclo del maíz y de la papa.

Así

a ti se te ha encargado

el transporte de las rocas más grandes

porque tú

lamiéndolas

puedes pulirlas y darles formas geométricas y soldarlas entre sí armoniosamente.

Así

a ti se te ha encargado

reconstruir el mito

y provocar el pachakuti.

Sin embargo, el tiempo no te alcanza.

Te levantas a las 4:30 a.m.

Trabajas en el bus desde las 5:00 a.m. hasta el mediodía.

Y luego estudias para acabar el colegio

aunque tus testículos frondosos ya no sean los de un adolescente.

Todos los días, te levantas a las 4:30 a.m. y desde tus ojos disparas hasta el espacio señales de radio y televisión que luego se convierten en hermosas láminas de hielo para reflejar, desde tan lejos, tu propia belleza multiplicada

pero el tiempo no te alcanza para alzar los ojos y ver el espejo del mundo, que eres tú, reflejando tu propia belleza.

Entiendo, muchacho o columna de agua, que es difícil atar al sol el día más frío del invierno y que te falta tiempo para distribuir el maíz entre todas las personas del mundo.

Sin embargo, quiero que sepas que el Señor de Quyllurrit’i me ha dicho que si el cielo se transformaría en una bandera se te parecería

Y que la música, la ceremonia y el mito

aparecerán en un escudo sobre esa bandera

que flameará en las montañas

cuando se declare la victoria de los nuestros.

 

 

 

Contemplación de una fruta luminosa

 

Subí a un taxi y le pedí con cariño al chofer que me lleve a la Plaza de Armas de Ayacucho.

En el trayecto observé a una anciana que es también mi abuela cargando en la espalda un charango como si fuera un robusto niño del ande. Observé a señoras hablar en quechua por sus smartphones con nuestros familiares que viven en el subsuelo o en la amazonía o flotando en naves espaciales fuera de la atmósfera. Observé mototaxis desplazándose y los confundí con una bandada de colibríes turquesa. Observé a varios perros de lana durmiendo como si no existiera hambre en este planeta azul.

Entonces, un semáforo detuvo nuestro taxi.

El chofer contempló el semáforo

extendió su brazo a través de la ventanilla

tomó la luz roja

y la transformó en una granada.

Abrió la fruta dentro del taxi para comérsela y cuando de la fruta se liberó una luz granate pude verle bien el rostro.

El joven chofer del taxi era un príncipe wari en BVD y shorts.

Era una constelación sobre el mar o un puma o la figura abstracta donde los waris veían una estrella.

Conteniendo mi sorpresa y mientras él ponía el taxi en marcha

y mientras él mordía la luminosa fruta granate

le hablé temblando.

Le pregunté por el clima

y me dijo que el clima de Ayacucho era caprichoso porque él mismo era caprichoso.

Le pregunté por las discotecas

y me dijo que en Ayacucho todos los días abren las discotecas porque todos los días él enciende la radio de su taxi y las hormigas viéndolo pasar le rinden homenaje disparando rayos láser hacia el sol.

Él era la cumbia

o un templo wari de piedra construido hasta las nubes.

Comprendí entonces, mientras lo escuchaba:

      • que el polen del mundo tiene el olor de sus axilas
      • que sus axilas tienen el olor del magma
      • que el olor de sus axilas hablaba el idioma de los pumas apareándose

Ya detenidos en la Plaza de Armas de Ayacucho vimos cómo una libélula de color calypso se detuvo frente al parabrisas, como un drone.

Ella desplegó la compuerta metálica de su boca y nos increpó en quechua diciendo:

¿cómo fue que en estas tierras trocose el reinado en vasallaje?

Callamos por 30 segundos.

Intentando expandir la compañía del príncipe wari acróbata en shorts y BVD

le pregunté sobre tours en su ciudad y me habló de la Pampa de la Quinua donde cientos de peruanos murieron luchando en la última batalla por nuestra independencia.

Luego habló brevemente del complejo arqueológico de su propio cuerpo.

Le agradecí por sus palabras y zurciéndome los labios con yauri y lana de vicuña, bajé del taxi.

Él no partió por un buen rato. Entonces vi cómo el taxi desplegaba la compuerta metálica de su boca y cantaba una cumbia y me invitaba a jugar fútbol y me decía: ven, sube de nuevo, que soy la bestia solar que dirige un príncipe wari.

Yo me solidifiqué porque soy tonto y le temo a la belleza.

Al comprobar mi parálisis, el taxi partió iluminado por la luz granate de la fruta, llevándose la gloriosa y triste historia del Perú lejos de mí.

 

 

 

Contemplación de un arco-iris de fuego mientras duerme

 

Muchacho,

si escribiera un poema sobre ti

se parecería al mar turquesa del Caribe

o al sintetizador que usa el dios católico para componer la canción experimental que suena a diario en los grandes edificios financieros

o a una montaña que ha recuperado su nieve

o al olor de tu camisa o de tus pies

o al agua tibia o al líquido amniótico

o a un accidente geográfico

o a un ángel con cuatro alas de diamante

o al tiempo que demoran tus testículos en rozar tus muslos cuando caminas

o a tu rostro mientras duermes

o a la nostalgia que provoca descubrir el triste secreto que esconde la música electrónica y que salvará al planeta

o a tu lengua buscando el clítoris de tu enamorada

o a mí escribiéndote esto desde una tina llena de agua caliente

o a mí viéndome el pene a mí mismo

o a mí viendo tu ombligo o el inicio de tus nalgas musculosas

un poema que se parezca a todo eso

pero que nunca, nunca, nunca se parezca al amor oficial de nuestra época.

 

 

 

de La ultra iridiscencia de los dioses del Perú 

 

 

***********

El cielo es cadmio, cobalto, acero, bronce y azulino.

Y en las garras de piedra de mi mano, ahora que soy un puma, se multiplican motivos geométricos.

Se repiten patrones romboides de colores encendidos.

Despídanse de las últimas lluvias geométricas de abril

despídanse de Venus que se toma de la mano con la luna

despídanse de los camiones peludos como osos del ártico

despídanse de mí:

Awilitáy, Ishishcha, Ishishcha, Ishishcha, Awilitáy, Awilitáy, Awilitáy,

Awilitáy, Awilitáy, Awilitáy, Awilitáy,

Ishishcha, Ishishcha, Ishishcha

Ishishcha

que quizás sea la última vez que pronuncio o escribo la ruma de sus nombres con esta tristeza electrificada.

Dentro de los rombos están los colores divinos

que son los colores del Perú

que son los colores de la estridencia

que son los colores de un concierto flúor de huayno

que son los colores de cada una de las lenguas amazónicas

que son los colores de los ojos y la piel del mismo dios multiplicado y diverso

Los dioses lloran al fondo de nuestra nuca que es su casa, que es la dimensión gaseosa donde gravitan tranquilamente, que es el plano siguiente al mar quieto de líquido amniótico.

Las raíces me toman de las piernas, un séquito de mujeres vestidas de blanco me invita a cerrar los ojos, pequeños duendes me hacen bromas, viajo recostado sobre una canoa que se desliza por un río de burbujas musicales.

La ruma ardiente de sus nombres, sus naipes del tarot español, el libro iridiscente de sus ausencias se entrecruza con las láminas tensas y traslúcidas de mi pellejo.

Unas hormigas muestran sus patas hermosas sobre las teclas de un sintetizador.

El espectáculo formidable de un insecto moviéndose sobre tu espalda, la piscina de cristales cósmicos de los ojos del insecto, los árboles bifrontes, el aura celeste de las piedras, el espejo que surge de las manos anudadas de Venus y la luna.

El castillo que nos contiene.

La casa que nuevamente construyo con columnas del humo del tabaco que abriga a los que han muerto de frío.

El dormitorio que construyo nuevamente con hojas de coca que alimentan a los que han muerto de hambre como tú, como tú, como tú y como todos los otros abuelos míos desde hace 500 años.

Me despido con los glúteos más fuertes.

Me despido más viejo.

Me despido porque he visto sus rostros sobre estampitas religiosas.

He vomitado la antigua casa del terror.

He vomitado la fábrica de plástico, el edificio de asbesto que construyeron al haz y al envés de mi esternón.

He vomitado dinosaurios putrefactos.

He vomitado todos los

pecados del mundo

y más heridas azules

que volaron de mi boca

como grandes mariposas nocturnas.

He vomitado caparazones y cuchillos y piedras de bordes filosos

y tempestades y zapatos de metal

y el cadmio, cobalto, acero, bronce y azulino

del cielo.

He vomitado el haz y el envés de mi esternón

y la cáscara de mi cuerpo.

Y ya no fui más la imperiosa procesión de sus nombres, porque no sólo me acompañan las hormigas y un perro peruano pintado con los colores de los dioses, sino que supe reconocerlos en las estrellas.

Me despido porque debo construir mi casa

en el valle profundo de mi pecho

donde ustedes serán los árboles más altos y sonrientes del mundo

donde no hará falta nada y nadie morirá de hambre o frío.

Me despido con los ojos luminosos, del mismo modo como ustedes se despiden y celebran las últimas lluvias de abril.

Soy un puma coronado con un chullo por pequeños duendes.

Buscándolos a ustedes han despertado en mí los dioses.

Despídanse de mí celebrando la proyección del prisma sobre mi frente.

Despídanse de mí perdonando mi esporádica torpeza de tractor.

Despídanse de mí abriendo el ojo de su propia frente.

Despídanse de mí pensando en el quieto mar de líquido amniótico

y en la dimensión gaseosa donde retozan los dioses.

Despídanse de mí pensando en el equilibrio y en la explosión de nubes

que levanta nuestra nueva morada en las estrellas.

 

 

 

de T’ikray 

 

 

El fantástico show del mar al revés (Fragmento)

 

Es verano en Lima. 

Llevo como una corona el sudor. 

y no tengo vergüenza pues el sudor que se edifica en verano tiene la belleza del cristal de los edificios más altos de San Isidro, en el Perú. 

Como corona también llevo, a cada lado de mi cabeza, una proyección: 

Adivino que en alguno de estos, los edificios más altos del Perú, un ejecutivo rico y de piel clara saborea a lengüetazos cada rincón del cuerpo de un muchacho de limpieza con la piel más oscura. Así y viceversa. 

Los dos descubren que sus olores, sus pliegues, sus sudores, se parecen. 

Yo me teletransporto, husmeo el pequeño cuarto de servicio y me pregunto: ¿Hasta cuándo el dinero tendrá un color de piel diferenciado en el Perú? Y me pregunto también, muerto de sed, si podré alargar mi mano para ser parte de aquella explosión iridiscente y salina; si me alcanzará la nariz para husmear cada rincón de esos cuerpos. 

Pero cuando aparezco a su lado, no hay sorpresa, ambos se suben el calzoncillo y el bóxer, según el caso o la pobreza, y salen sin hablarse.

Yo me detengo lo más que puedo en el pequeño cuarto absorbiendo desesperadamente, en silencio, las ruinas de aquel show cósmico, el olor que poco a poco declina, el olor del mundo entero que ha florecido de cada pliegue abierto de los cuerpos del ejecutivo rico y blanco y del muchacho de limpieza pobre y oscuro de piel.

Estoy feliz.

Mis vértebras se entrechocan

Fosforeciendo 

y producen destellos.

Mis vértebras son las teclas de un

sintetizador que a veces las flores 

se detienen a oír.

Pero es de noche y los girasoles están durmiendo.

Mis dos hombros se encienden como si contuvieran el cristal líquido y brillante de las luciérnagas o de los peces abisales.

Se encienden mis costillas.

Y mis caderas marcan el ritmo con el que se menean los astros.

Los dos huevos que llevo entre las piernas se menean también, divertidos y luminosos.

Estoy tan feliz que toso y tosiendo se me escurre un listón de papel, como flema, por la boca.

Sorprendido leo lo que está escrito:

 “Los que desechan las flores son incapaces de ver”

Será por eso que se me han caído 

los ojos en el mar.

Y lo he descubierto todo, otra vez, sin ojos.

Porque me gusta arrancar dolorosamente las flores que me crecen en el pecho y entregarlas.

De mi pecho crecen flores, campos inmensos de flores.

De mi pecho crecen flores que arranco y que alcanzan para todos los seres que existen en el mundo de abajo, de aquí y de arriba.

De mi pecho crecen flores que arranco para los que tienen mocos, para los que tienen muñones, para los que tienen nieve o espuma.

¿No sería cruel negar las flores que crecen de mi pecho y arranco?

Es verano en Lima.

Pero el bus retorna.

Y la corona de sudor que me adornaba el cráneo, se vuelve un matorral pútrido de espinas.

Mis vértebras tiritan, se desgastan y se apagan.

Mis dos hombros tiritan, se desgastan y se apagan.

Mis costillas se esconden.

Se apagan las estrellas.

Y las flores que crecen plenamente en el corazón del mundo

y las flores que crecen alegremente sobre mi pecho

se apagan, desapareciendo.

Es en ese momento que deseo que a todas las personas se les caigan un poquito los ojos para que yo también pueda apagarme.

Se han perdido las estrellas que guiaban a los barcos.

Ahora, confundidos, los barcos navegan en el cielo.

Y, aunque sea el cielo, los barcos despliegan tristes sus velas, sus turbinas, sus rayos láser.

Quisiera que un pescador me haya dicho: “El principal misterio de esta época se encuentra en el momento exacto donde el sol apenas toca el mar en el horizonte”.

Quisiera que ese mismo pescador me haya dicho también: “La única manera de develar ese glorioso misterio es descender pacientemente el short de un elástico muchacho que se encuentre en Máncora”. “Sólo así —quisiera que continúe el pescador— o llegando hasta el horizonte en el momento exacto que el sol toca el mar, se descubre la lógica universal que se repite en el rotar de las más grandes estrellas y en la vorágine cósmica de la vida de los seres más diminutos que existen a pesar de la limitada imaginación de los hombres”.

Sin embargo, el pescador me ha dicho:

“Se me ha muerto mi novia

se me ha muerto mi familia”

Y se ríe, borracho y confundido, por el traqueteo interminable de una parte suelta en el motor del bus que otros esperan.

Y yo quisiera escribir un poema ultramoderno, ultrajoven, sobre un reloj de plástico verde limón, con los pies repletos de arena. 

Sin dolor.

Saludable.

Y recordar, cada vez que lea ese poema, que siempre habrá personas inconfundiblemente más jóvenes que uno.

Y recordar, cada vez que lea ese poema, que siempre habrá personas curiosamente mayores que uno.

Y recordar, cada vez que lea ese poema, que la novia y la familia del pescador están muertos.

Un poema ultramoderno y saludable.

Que nos cure

cuando se levante la voz de su conjuro.

 

 

 

Inéditos

 

 

Ceremonia de agradecimiento para la promoción 2016 Natus Vincer del colegio San Juan de la Virgen de Tumbes

 

Estimados jóvenes:

Todas las palabras que a continuación van a leer salpicaron de la piscina donde los vi jugar despreocupadamente, en Máncora.

Todas estas palabras son ahora un charco, es decir, un poema y como este poema trata de ustedes pueden considerarlo el más hermoso del mundo.

Sin embargo, quiero confesarles también que este poema no es como el resto.  

Si este poema fuera alguien, sería el Jordan.

Y este poema sería el Jordan porque tiene la presencia de un árbol de pisonay y su color cuando florece.

(http://bit.ly/2muIZ5j)

Este poema, además de tener el garbo del Jordan, la altura de un pisonay y el color de sus flores, tiene el sabor de un chicle de centro líquido derramándose sobre sus lenguas.

Imaginen que el centro líquido del chicle está fabricado con la esencia del sol.

Imaginen su glorioso color fosforescente.

Si este poema fuera un objeto, sería una de las pulseras que nos obsequiamos los unos a los otros con la promesa de no olvidarnos nunca.

Si este poema fuera un astro, sería la luna casi negra sobre el mar o el sol sobre sus cuerpos en la playa.

***  

Su colegio está acabando, estimados jóvenes, estimadas señoritas, y sobre el mar de Máncora hay una tormenta nocturna de rayos láser.

Anoche vi a una mujer transformada en árbol cantarle al mar. Señalaba el cielo, pero miraba el océano oscurísimo. Entonaba el himno de su colegio: «Adelante juventud sanjuanista, lleva en alto el pendón bicolor…» y de sus labios brotaban mariposas resplandecientes.  

En Máncora, tanto dios como la pachamamita me dijeron al oído: «Hemos copiado de los alumnos de la promoción Natus Vincer del colegio San Juan de la Virgen de Tumbes el intenso brillo que le pondremos a la turmalina azul en el inicio de los tiempos».

(http://bit.ly/2n9y8ur)

Este poema, estimados jóvenes, es también un conjuro contra la tristeza.

Si llega un día la tristeza y no se quiere marchar, repitan lo siguiente mientras forman un círculo con sus dedos sobre su esternón:

Son los giros de mis dedos sobre el pecho

la manera de abrir y cerrar 

mi corazón celeste como el planeta que habitamos.

En mi corazón pueden convivir en paz las bestias más aterradoras.

Ellas guardan en su propio corazón la ternura para sanar el dolor de este planeta celeste como el interior de mi pecho.

Y en la extensa ternura que se guarda en el corazón de las bestias más aterradoras que conviven en paz dentro mío, navegan los misterios de nuestra existencia.

Que las bestias aterradoras entre mis costillas se calmen, se limpien, se sanen.

Que se calmen, se limpien, se sanen y aprendan a convivir nuevamente en paz hasta que regrese su inevitable desesperación. 

Que se calmen, se limpien, se sanen.

Que se calmen, se limpien, se sanen.

Que se calmen, se limpien, se sanen.

¡Gloria a ustedes, muchachos y muchachas de la promoción 2016 del benemérito colegio San Juan de la Virgen de Tumbes!

Que conserven en sus pechos la alegría transformándose y que si la pierden por mucho tiempo, el conjuro contra la tristeza que es este poema siempre funcione.

Que curen al mundo entendiendo que lo que a unos puede admirar por bello a otros puede causarle sólo tristeza.

Y que nunca olviden esa tarde en la piscina que anunciaba la victoria en sus vidas y la poderosa e incomprensible belleza del fin.

 

 

 

Estoy misio, bb 

 

Bb:

Estoy misio y el sol se derrama sobre la antigua ciudad del Cusco.

Las nubes parecen cintas rojas o vendas con sangre y entre ellas un avión solito transporta en su barriga a gente como yo.

No es sangre sobre el cielo, bb, me dices, es solo chicha de quinua, todo está bien. Andan tus brazos. Tus ojos se cierran y se abren aunque te falte plata para el café o para la combi. 

Yo te escucho y te hago caso y me extiendo y me hago uno contigo que estás del otro lado del océano. 

Me quedan 40 soles que gastaré en weed porque el insomnio me mata.

El dinero vendrá, me dices, solitario y ruidoso como el avión que se desliza entre ángeles de oro, entre caballos de fuego y de oro y entre las pingas de chocolate de los futbolistas alados del Perú.

 

 

 

Tengo miedo, bb

 

Bb:

 Enciérrame un ratito dentro tuyo.

 Ábremelo la puerta de tu pecho, chiquito aunque sea, para que pueda entrarse mi cabecita

 y mi corazón de plomo.

 Libérame, por favor, del dolor de mis tendones

 o del inmenso monstruo que habita en mí.

 Protégemelo mi boca del veneno.

 Hoy que me levanté a cacar por la mañana vi caballos de oro incendiándose sobre el cielo mientras dormías.

 Y no sé por qué, bb, tuve miedo de que se me rompan los dedos de la mano, de que se me hagan polvo las rodillas y de que no pueda ayudarte de viejito a caminar.

 En ese ratito nomás despertaste y una playa y el mar tibio se proyectaron de tus ojos y en la pared vimos un video de k-pop.

 A ti el k-pop no te gusta, pero me amas así que bailamos y fuimos perritos que disfrutan persiguiendo las olas de aquel mar.

 Quisiera ser tu cuna, bb.

 Y también quisiera que, de verdacito nomás

 abras las compuertas de tu pecho para meterme en ti 

 y olvidarme de todo 

 y solo concentrarme en tus entrañas 

 mientras me proteges con la luminosa envoltura de tu cuerpo.

 

 

 

Protocolo de buenas prácticas entre las dos grandes capitales del Tawantinsuyu: Cusco y Cuenca

 

Tengan buenas noches, damas, caballeros, compatriotas cuencanos del Tawantinsuyu:

Disculpen que venga desde el Perú a ensuciar su linda ciudad con estas mis huevadas. Pero, aquí me encuentro, trayéndoles el saludo del apu Ausangate, ofreciéndoles este nido de flores desde el Cusco, capital histórica de nuestro gran imperio del sol.

Mi nombre completo es Qori Tiffany Orccohuarancca Ttito y soy waylaka y en mi pueblo nos bailamos con las montañas como si fueran personas porque en mi pueblo abrazamos a las montañas como ustedes abrazan a los 4 ríos que atraviesan su ciudad: el Tomebamba, el Machángara, el Tarqui y el Yanuncay.

Soy qhari warmi andino y citadino. Fui estrella del indie rock local y escribo poesía y me considero indio.

Como choclo

Chaccho coca

Tomo chicha

Toco huayno

y hablo quechua

y en Cusco mi amigo Marco Panatonic, que habla quechua como yo, me ha pedido que les mande este mensaje a las mamitas de Cuenca:

Akakallaw, kañari mamitakuna, nina rimachiq mamitakuna. Qankunaqa tawa mayu kuska puriqmi. Unuchaykichiswan hampiykuwayku, yachachiwayku allinta kawsayta, mamitakuna. Allinta qhawaykuwayku llapan Qusqu wawaykichiskunaman. Yanapawayku kuska qankunawan ruwanaykupaq.

Ay, coterráneos míos de Cuenca, Tumipampa runakuna, permítanme contarles también que hoy saludé al Sapa Inca Huayna Capac sobre la veloz Av. del mismo nombre y, no sé por qué, le dije inclinando mi cabeza: Taytalláy, sapa inca, hatun tayta intiq churin, ayúdame a deformar el castellano y a dejarlo bien bonito para destruir así el dolor que este idioma de mierda nos trajo y descolonizarnos de una buena vez, kawsay masi. Que la academia real de la lengua española se lave la cara un poco con el sudor de nuestros culos americanos y se vaya a la mierda, taytallay, porque además, quiero darme el lujo de decirle a mi palomita, antes de dormir, antes de despedirnos juntos de esta vida: Ch’aska ñawicha, la mar quchamanta hamuq hatun michicha. Qanwan pasaruyman, agarraditos de la mano, kusisqa wañuruyman, wayra hinaraq, tranquilitos nomás. Kuska viejitos, urpichallay, ña puqurusqaña, sunquchallay.

Éste es pues un hechizo, hermanas y hermanos de Cuenca. Éste es un hechizo, coterráneos de la antigua ciudad del Cusco, para que fracase la Coca-Cola y la Pepsi y Nestlé que están llenando de plástico los océanos del mundo y las montañas del mundo y el subsuelo. No sé qué más decirles por ahora, llaqtamasiykuna. No sé para qué más puede servir la poesía en este momento sino es para salvarnos del plástico y del microplástico y del petróleo que lo está contaminando todo. Eso sería todito nomás, chayllan chay, kawsay masiykuna. 

 

 

 

Inti raymi o Solsticio de invierno

 

Ésta es un poema para eximirme, para dejar de sentirme culpable por desconfiar de la escritura y su sonido.

ah, no, ésta es un poema sobre las placentas 

ah, no, ésta es un poema sobre el traaaaaaance y sobre dios .*.*..*…*….*…..*……*…….*……..*……..*……….*………..*………….*…………..*……………*…………….*

ah, no, el Sr. de Quyllur rit’i me ha sonreído y ha tocado mi cabeza con ternura y después de bendecirnos me mostró un holograma de 1967: yo fui un pongo de 8 años que murió de hambre junto a su perro que murió de hambre también, junto a mí, en una hacienda en Paucartambo.  ///////////////////////

ah, no, espera! ÉSTE ES UNA CANCIÓN SOBRE LA ALEGRÍA! o sobre el olor de las axilas de mis amigos europeos o sobre la casita que tantas veces construimos sobre la nieve o contemplación de los pablitos bromeándose mientras se bañan desnudos, en el río, luego de peregrinar.

ah, no /////////////// Espera. Esta es una canción sobre la poesía surrealista del Cusco escrita por mujeres o sobre las escritoras del Cusco o sobre las mujeres del Cusco en general o sea es sobre mí y sobre ti y sobre toooooooooooooooooda esta metrópoli capital del mundo andino.

ah, no, esta es una canción que celebra el estruendo y el poder del Qullasuyu y que fortalece nuestras relaciones con Juliaca.

ah, no, es que esta canción había sido para rogarle a nuestro padre Sol con alegría: “vuelve una vez más, tatalláy” y para confesarle: “es espléndido vernos orinar en el centro histórico mientras nos celebramos porque, carajo, nos estamos celebrando hasta los huesos que sabemos serán polvo, porque, carajo, somos animales de esta tierra y porque, carajo, el orín nos hermana y si lo que digo es mentira, el que esté libre de pecado que lance la primera piedra y que se me sepulte a pedradas como si fuera una bruja o mejor, que se me ate a un árbol, desnudo, y se me fleche, para que la belleza del cuerpo en general encienda las revoluciones futuras que llevarán a los homosexuales y a las mujeres a dirigir este planeta desde el amor: a nuestro padre sol y a nuestra madre luna y a nuestros alimentos”.

 

Rumi uya, te regalo esta cajita hecha con mis costillas rotas de no abrazarte. Puedes conservar aquí dentro la garúa y mis juegos de canica. 

Rumi uya, te regalo esta cajita para que te lleves lejos las junturas perfectas, las piedras de catorce ángulos que arman tu cara; para que se esconda la espuma tibia de tu cuerpo en manadas felices.

Rumi uya, te regalo esta cajita donde caben tus ojos para que cuando llores no inundes la cosecha, no ahogues a las vacas ni me despiertes empapado.

Rumi uya, te regalo esta cajita con nuestras ropas húmedas, nuestros chullos húmedos, nuestras cervezas.

Rumi uya, te regalo esta cajita a cambio de una bola de pelos de tu pubis en mi garganta.

Rumi uya, lo siento, mejor, te regalo esta cajita nomás.

 

 

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