Oscar Bondaz (Villa Elisa, Entre Ríos, 1954)

Reside en Rosario desde 1978, donde trabaja como librero. En la década de 1980 integró el grupo literario “El Poeta Manco”. Publicó los libros Los hechos de dominio público (2001), El orejón del tarro (2007) y Fragmentos de río (2018).

 

de Fragmentos del río (Ed. En Danza, 2017):

Puesto de pescados

Por el río, entre las islas, en los arroyos.
Estuvieron pescando por la noche. Evitan
salir de pesca durante la luna llena. Fase
lunar cuando los peces no pican. Llegan
desde las islas con la carga de pescados.
Arriban al amanecer así el calor no las perjudica.
Las plateadas bogas dispuestas sobre la mesa del puesto,
evisceradas y frescas, ofrecen sus atributos naturales. Ojos
claros, brillantes y abultados reflejando el cielo despejado.
Escamas resbaladizas como la greda de las orillas. Cola
húmeda y flexible por el aleteo permanente al pernoctar
bajo los juncos en busca de alimento. Piel y carne
de aspecto lustroso y textura firme de nadar vigorosamente
bajo el agua ensombrecida por los sauces.
Agallas vistosas, de un rojo coralino
como la flor del ceibo en diciembre.
El vendedor del puesto selecciona las mejores piezas.
La exhibición, un asombro de curvas,
maravilla fructífera del río.

 

Manos de este río

Sólo en noches serenas, apenas iluminadas
por la débil luna menguante y muy pasada
ya la medianoche, se puede observar en el
cielo la constelación del sábalo: augurio
de los pescadores.

La mano que señala las estrellas saluda de lejos
tanto como de cerca apretando otras manos.

Manos que trabajan a la intemperie. Trajinando
en las embarcaciones. Sumergidas en el agua:
encarnando anzuelos, sosteniendo sedales,
soledando inquietas la espera.

Son las manos que recogen las redes
y desenredan los peces. El alba oficia
de acompañante, coloreando de cobre
la mano y el pez capturado.

Y están esas otras manos que trozarán
el pescado y lo servirán en la mesa.
También, tomarán el vaso de vino
y llevarán el pan a la boca.

 

País de los trinos

En todas las orillas se condensa una luz.

En estos arroyos, en estos ríos, a su vera
el chingolo y el benteveo cantan en esa luz sensitiva.

La brasita de fuego y la tijereta auspician,
desde la rama y el aire, esta luz extensa de octubre.

El misterio del atardecer
lo habita una algarabía inesperada
en la pareja de horneros
cantando siempre a dúo.

Y un lamento oculto se escucha en los pajonales:
el chajá.

Y donde se aquietan los sauces y reverdecen, ahí,
plenos
por un movimiento de vuelos saltarines que,
de rama en rama, las tórtolas sacuden, la penumbra
rodea a un nido sombrío.

El aire como el nido nunca está vacío. El aire
es ocupado por el vuelo. El nido, por otras
aves necesitadas de cobijo.

Toda morada es necesaria
y de trinos se ilumina.

 

Inédito:

Arroyo Perucho Verne

a Orlando Florencio Calgaro

Amplio de mojarritas
detuvo mi infancia
enseñándome a nadar
…………………………….por el cristal de aguas
…………………………….en afirmado rumor
y su arena
pródiga de sol
secundaba a los juncos
…………………………….esas lanzas orilladas
…………………………….que ensombrecen barranquitas
extenderse vertical
cosquilleando los molles.

Todo se iluminaba
en esas tardes meandrosas
guarnecidas de pájaros
y menudos insectos.

Hasta los sauces y ceibales
crepusculando el espejo cauce
invertido en aves zancudas.

Es un mismo arroyo
con muchos nombres contenidos
pero siempre
ha acrecentado mi silencio
sonorizado de contemplación.

…………………………….Rosario, 7 de diciembre de 1979.

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