Tom Schulz (Großröhrsdorf, Alemania, 1970)

Poeta, narrador y traductor. Trabajó en la industria de la construcción hasta 2012. Desde 2008 es conferencista, periodista y coordina talleres de poesía. Publicó, entre otros, los libros de poesía Städte, geräumt (1996), Trauer über Tunis (2001), Abends im Lidl (2004), Kanon vor dem Verschwinden (2009), Pariser Gärten und andere Gedichte (2012), Innere Musik (2012), Volcano de Colima und andere Gedichte (2014) y Lichtveränderung (2015).

 

Versiones en español por Daniel Bencomo

A la hierba de las pampas

El campo será un campo para todos, los que lo quieran
un campo para todos, los que lo encarguen

un campo para todos, los que lo habiten, o que han
mordisqueado la hierba, bajo el daño psíquico de las estrellas
un campo en que las marcas sean marcas libres, marcados
como inciertos suelo y piso de nadie

podrías ser por unos días una patata
así sabrías, cómo es la vida en lo profundo – vendrías
desde lo más hondo, un día emergerías, la vida en lo profundo
te enseñaron la hierba, la obra de las raíces

los esfuerzos para girar una piedra, para virar un trozo
de basalto, la poliforma de la hierba, de la tierra seca y con grietas
nada nos pertenece, mucho menos

un campo para todos, que con los dedos hurgan en una bendición
tierra fértil barro arena tono – y Adán ninguno de los surcos de siembra
no un campo para dioses, simplemente un campo, donde paran las aves
sobre la siembra fresca, un campo rodante

que atravesara fronteras – un cuerpo, simple cultivo
un campo para todos, no una casa de eficiencia, un campo simple
para más de uno – para todos los que plantan en la hierba de las pampas
que la proveen con atributos como duro e invernal

lo lees en el libro del campo, en los apuntes de pequeños
invertebrados, puedes leerlo, ¿quieres ser campo?

Sé un campo, árboles brotan a tus costados, serán la orilla
de tu reino, encima de todo el viento cambiante, la pregunta
¿tiene un mirlo un cerebro de mirlo, y en tal caso es posible
medir algo en su pico de amarillo intenso?

Sé un campo, reposa abierta, vecina del llantén
y este campo robusto le pertenece a todos, todos

 

Día del Trabajo

Los policías aguardan, en calles aledañas
por las revoluciones, ¡van a revirar
al enemigo! Germina entre los adoquines
la yerba, árboles entablillados laten desde
el suelo, junto a un martinete encuentran las chispas
al clavo de hierba – quien se ponga en el camino
de las revoluciones, será llevado
por un poder visible: puño encuentra ojo
tramoyistas, trozos de botella, sangre de repuesto

en la calle hay cosas, que a la calle
pertenecen, ropa vieja de entrenamiento, calcetas
de rayas flores libros de bolsillo, tú también tritura,
¡avienta a la calle la costra de lodo
que hay en tus sienes!

La revolución es el libro de consulta
quien se moja el pulgar, quien a hojearlo se anima
quien pone a circular revoluciones, falsificadadas
o piratas, quien piratea o falsifica
revoluciones pirata – – –

autos explosivos están listos para ser revisados
un enunciado sería: fin a los parlamentos
encarcelados – todas las tazas, cubiertas de polvo, en armarios,
tiemblan al momento en que se ordena el sitio del accidente
así como en los cuentos el ogro pierde la batalla, pues las piedras
son pájaros, así los humillados ganan un mundo
que no se puede rescatar con la razón

Racimos de negros burócratas colman las avenidas
estacionados en primera fila, en vehículos, bañeras
con termos y té de melisa – un enunciado sería
la frontera no se borra entre nosotros

en espera del final de las revoluciones
que sólo conjuraron lágrimas y oprobio,
nada más que rabia y llenos
ceniceros; que nada más trajeron
sino montañas de cuerpos y locomotoras, locomotoras
y montañas de cuerpos –

sal a la calle, ábrete, haz aire, ventila el botón
en el abrigo pesado como plomo, procúrate un pequeño muelle
el verde, el camellón pequeño en medio de la calle
la isla de dos por dos con los brotes tempranos,
junta el arroz, solloza junto al bote de basura
pero sácate las lágrimas de cocodrilo, y cuando halles
una pala, cava un agujero para un ratón
simplemente sal, intenta mezclarte en diálogos
y así sea el viento, nadie te responde, nadie toma
nota, el ser, que se ve como tú, traía un abrigo de
pordiosero, se cagaba y rascaba
hay otras especies como el perezoso, cuelga de los árboles
no espera nada, no se mueve – olvida lo que
has leído, Adorno y Freud, el Manifiesto
no lo olvides todavía, quizá venga un día
con resplandor de luz y montañas tras la ventana
hacia los cuales partiremos

y para golpear con el puño en la mesa, o serruchar
patas de sillas, nunca es tarde ni temprano –
las fuerzas de acción esperan a la sombra de los árboles de avenida,
soban una nectarina, cuyo jugo escurra, como si fuera la naturaleza
solo visionaria, porque no requiere visión, a la sombra de los faros,
porque los manzanos serán, cuando las revoluciones
hayan triunfado –

Mujeres virtuosas, vestidas como policías
con manos frente al rostro cuidan a los manifestantes
que por la revolución aguardan, para que todo arranque desde cero
y nada quede sino sólo aquello que siempre retorna

una oración sería: desoja la mentira pesticidad del dominio
mira, la pulpa de limón qué dulce sabe
si es frente a las revoluciones, de la que puedo escuchar
el llamado de ventana, la cierro, giro el picaporte

escucha, que melancólica suena la música, que pulsa
desde el salón, hasta que las consignas enmudecen
y entonan las mangueras a presión su propio Händel
una oración sería: deja que la avispa vuela en paz

 

Cabo de la buena banca de madera

Ganamos altura de la interpretación, Rike. Encontramos hueco y desperfecto.
Alzamos una copa por la lejanía en luz. Por las nubes que son velo.
Interpreto. Doy a entender. E.d., te veo. No te interpretes. Cuando
hablas de un vuelo en ochenta días. Sin fronteras. En filmes
polacos surge a veces la pregunta: ¿alguien se ha vomitado?
En la interpretación. Como alemán insisto en el poeta Klopstock. Camino
en torno del montón de leña. Ah, qué bien, que cada quién puede leer. Así
surge el mutismo. Desde el inicio: tenemos la altura de interpretación, Rike. En este
barco reposamos nosotros, buenos seres, en el regazo de A’s o de B’s. Logramos
las alturas sobre observadores de estrellas y niños de vía láctea. Niños de la noche
y la madrugada. También natilla de arándano. Quisiera jugar conjurar con
la comida. Desde mi puesto de observación, cada vez más se me asemejan las estrellas.
Igual que yo, ellas interpretan mucho. Ganamos altura sobre el país. Sobre masa,
medida, pereza. Déjame probar los chabacanos. Insistir en Klopstock.
Como alemán camino en torno al henar. En una encrucijada me encontré
una gallina. Dijo: pongo un huevo y la muerte no me llega.
Granjero feliz, el que yo era. Mi corazón disparó a través de hierba
y remolacha. Hijo de la hierba. Hija de la manzanilla del arcoiris. Veo
a través, cuando miro hacie el lago. Interpretación más elevada. Te veo.
Soy interpretado. ¿Por quién? Como alemán sigo al ratón
de madera, que es jalado por un hilo invisible. Por el
bosque. Todos son oscuros. Inside del reloj de cucú. ¿Quién habla? Un policía
con una naranja en la mano. Una planta de uña de caballo, generalizada. O en
Schöneberg un yo tardío. Estás determinada a las determinaciones, que
apresuran. Yo debo ir al planetario. Las estrellas llaman. Insisto en
que la colina debe rasgarse. El ocaso de los dioses. Timbra donde dice
Wagner. Aquí vivo. Así como doy vuelta al disco. Será
una Novena. ¡Alcanzamos la altura de intepretación, Rike!

 

Sans Parole

Un grano de arena está en mí. Entre párpado y media luna. No dejes nada
por la nieve. El álamo fue con frecuencia un blanco. Amante.
Tú, nevada. Quisiera calmar tu sentido. El buje.
En mí hay lágrimas y gérmenes. Blanco en las noches. A través
del verano. En medio el día más largo. La luz bajo el polvo. El talle
lo compartimos con avispas. Abejas miniatura, alados de miel. Amenazas
y zánganos. Caducar. Dolor punzante. Honey, i’m only in it.
Solo estoy por el dinero. Por ello en camino. Cuesta abajo. Nada
como flor acuática a la superficie. Un grano de cebada está en mí. Entre
pupila y luna llena. En mí se quiebra el vino.
Repta abajo de la cama el tarro. Casi me voy al suelo,
monjas hermanas. Llama al jilguero a casa, llámalo a la espiga.
Fui por la competencia. En algodón. Desempácame. Rara vez dormí
entre virutas. Germiné de llanto. En el parque, las espigas de roble
se cubrían de nieve. En un martes. No quería cambiar tu trayecto. Sólo que
venía hacia mí. Llévanos sobre un puente. Tú, nevada. Directo
al Zauberwald. Quiero forestarme con manzanas de tu pecho.
Y con gracia. Coronado con azafrán de amor. Amarillo, luego blanco
en la noche. Quiero devorarlo todo de tu lado. La luz cubierta en polvo.
Cardúmenes de peces. Flores para miel. En mí hay un grano de mostaza. Lo dulce
que siempre cantan tus axilas. En mí los gérmenes en llanto se han tornado
berros de agua. Soy verde multiplicado por ocho. Déjame
ser un ramo, un techo de hojas. Si algo te llora, eres
llorado. Déjame ser muchas ramas.

 

Maniobra al corazón

Un poema atrapa al corazón o se defiende. Se pone transversal. Contra
la guirnalda, las flores depuestas. Donde el monumento intersecta
con el concreto cansado. Donde el pedestal le pone el pie al corto plazo. Pienso
luego existo. Desierto. Toda una vida. Te leo, así como ningún libro
puede ser del mundo. Un poema atrapa el vacío aparente, detrás de los
tramoyistas. Se junta con las marionetas. Con los actores. Cunegonda.
Rey Pico de Tordo: “dulce belleza, ¿no te gustaría, a la luz de lo que digo,
ser oro o azufre?”. ¿No pondrías cisnes en el agua? Si fueras tú un poema y
yo un poema, seríamos eternamente. Olvidados. Enre las cinco y seis el dolor.
Ordenados por la huella de la mordida. Frescos y devotos molemos
el salvado. El lepórido entre nosotros no enraíza. Entre cinco y
seis. La herida amplia, como en la última de sus fuerzas. Consigue
la carne de abejas. Cósela hasta juntarla. Entre paréntesis. Un poema atrapa
el lugar donde sopla la noche. En la costura. Donde la cicatriz conduce
al interior de las palabras. Luego aterriza en un contenedor de basura.
Entre las cinco y las seis. El ocaso. Observamos un puente que cruza
los canales. Una línea imaginaria que apunta a las parvadas.
Boga cuesta arriba el tren de la sierra. Hacia los pinos. Ven a cortar
piñones. Veloz por el valle. ¡Asciende en cuanto desciendas! El aire
se hace ralo y el hielo, aguanta. Los arbolitos de la frontera en la sequía
saludan. Por favor no llores. Por el poema. Atrapa. La pierna mala,
el punto ciego. Pero mira, cada vez más ligeros de concepto.
Los órganos, las articulaciones artificiales, chirrían quedo. Si algo suena, eso es
el hombre con la bata blanca.

 

Sincronización de los relojes

Después he estado aquí
sostenía una cebolla en la mano, que florecía
tomé las sábanas para el viaje
hacia el día

piedras rodaron, se limaron entre sí
montañas de grava y pizarra, la máquina
se estancó

en la ventana olí la hierba
por un trepidante largo momento
tomé el té negro

y revolví el azúcar hacia el fondo
que la madre de las llaves traía consigo
который час?

… el tren se soltó

para Marcus, Martin y Björn

 

Metrónomo

lo fácilmente vulnerable, como tú lo
llevabas al bosque, un leño
el teléfono inalámbrico lloraba, cuando tú
llamabas muy quedo

mi pezuña se pegaba en la tierra, la escarcha crujiente
y las primeras ranas invernales pasaron
el brezal, después de Halloween me vieron
con un botón rasgado en la mejilla

la cola de las ardillas tras de mí
avanza — los arbustos no, las ramas delgadas
despuntan como agujas

ahí reposaba la tierra bajo una piedra
de potasa, y yo conduje
sobre la punta rota de una estrella
rumbo al pueblo de Bienenbüttel

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