Valérie Rouzeau

Cosne-Cours-sur-Loire, Francia, 1967

Magister en traducción literaria. Ha traducido a Sylvia Plath, Ted Hughes, William Carlos Williams, Stephen Romer, entre otros. Fue editora de la revista Dans la lune (2004-2011). Publicó más de treinta libros entre 1989 y la actualidad, entre los que se cuentan Pas revoir (1999), Neige rien (2002), Va (2002), Le monde immodérément (2003), Récipiets d’air (2005), Nitch wiedersehen (2006), Mange-Matin (2008), Quand je me deux (2009), Vrouz (2012), Télescopages (2014) y Sens averse (2018). Ha escrito letras de canciones del grupo Indochine. Recibió el Premio Guillaume-Apollinaire 2012 y el Premio Robert Ganzo en 2015.

 

 

 

Traducciones de Horacio Maez y Nathalie Greff-Santamaria

 

de No verte más

 

 

Una hormiga a mi zapato la miro como baila

en el cordón sin tener miedo.

Habrá caído de yuyos o de mi ramo de

margaritas que más pesa medida que avanzo.

Me saco el timbo y la soplo tiene una vida

negra tan chiquita.

Me hubiese hecho cosquillas en los pies

quizás hecho reír solita rumbo al cementerio

como si fuese yo como si fuese ella.

 

 

 

 

No me visto especialmente de negro

porque no se te ve más.

Puedo pensar en vos de azul días enteros.

Encontrarte flores que salen de lo ordinario

floreros bastante lindos bastante pesados.

Es difícil regalarte algo, siempre fue.

La otra vez puse los pies en tus grandes

botas vacías y tu perro vino conmigo.

Llovía y nadaba adentro, seguro habrías

guardado las piedritas en tus bolsillos.

Y la otra vez de nuevo no te llevé

especialmente ningún ramo.

 

 

 

 

Da dos fácil mi padre y yo fácil.

Cuento con él para ponerme de acuerdo

conmigo.

Unas nubes nos pasan por arriba, unos

sapos cantan a lo lejos su canto mucho más

lindo que ellos.

Mi padre no dice una palabra estamos

juntos los dos pero soy la única en tener el

viento en el pelo y él es el único en no abrir los

ojos.

Y le muestro con el dedo de donde viene el

canto hinchado como una vaca de los sapos

pero conoce la fábula.

Unas nubes nos pasan por arriba el tiempo,

a mí sobre todo que las cuento tanto.

Mi padre no dice nada somos diferentes mi

padre y yo ahí somos nosotros dos plantados.

 

 

 

 

Desde la cabina del camión negro agotabas

las rutas sin fin.

Y pasando los cambios la mano la frente

doradas seguramente soñabas.

A veces aplastabas una gallina sonsa y

blanca y te apenaba.

Preferías el verano que acorta las noches

tenías pensamientos que sembrar en las rutas

eso hacía en tu frente líneas de horizonte.

En tus manos a veces un ave muerta que no

veíamos nunca.

 

 

 

 

Hacen su ruido de comer los vecinos en

pequeña familia.

En su mesa me serviría repollo, repollo y

después rosas y agradecería.

La vieja sensación de decir paa la boca llena

de mediodía las manos no bien lavadas mis

vecinos de siete años los envidio aún retados

por eso.

Acá paa se deja crecer las uñas y el pelo y

no desayuna más y no responde más a nada.

 

 

 

 

Se llueve sobre las flores por encima tuyo

llueve papá.

Llena mi bolsa es agua que cae llena los

oídos.

El ruido que hace: el del elefante pillando

infinitamente si te acordás.

Parece que las gravas rezongan unas

después de las otras, al menos que sea por ser

regadas así.

Soy la única visiblemente ahí entre las

begonias y las no sé qué.

Un pobre aguacero oh nada del otro

mundo.

Una pelea de gravas sin ninguna memoria.

 

 

 

 

Mi abuela pela frutas arriba de una revista

sensacionalista.

El jugo gotea sobre la sonrisa de un

cantante que les gusta a las mujeres mayores.

Habla de mi padre como conocería bien su

enfermedad.

Reconozcamos que mucho tiempo barrió

un hospital entero.

No la escucho miro desaparecer por

completo la sonrisa del cantante la cara del

cantante.

 

 

 

 

El camión rutilante duerme en los dientes

de león, mis hermanos hablan suavemente

afuera antes de la noche.

Sus palabras dicen cifras o estrellas, gritan

a un perro y retoman.

Tienen penachos soplados en el pelo,

marcas de aceite quemado en la mejilla y la

frente.

Cuando remontan uno al lado del otro, la

ruta es apenas lo suficientemente ancha para

ellos, y se callan.

 

 

 

Mi padre que se opera mi ópera mi padre

lanzado a las nubes.

Padre pasado bajo las azaleas en la tierra

amarilla y negra y hendida.

Lo que él deviene lo que yo sé mi

sentimiento en los senderos cuando el viento

vocea.

 

 

 

 

 

 

 

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